El próximo mes de julio se cumplirán seis años de la entrada de los Mossos d’Esquadra en el Palau de la Música. Para el catalanismo conservador fue una catástrofe similar a la profanación del templo de Jerusalén: pérdida de carácter nacional, helenización de costumbres y desenfreno extranjerizante. La cuna del laborioso patriciado catalán quedaba mancillada por un despliegue sin precedentes de policía judicial. Por suerte, la comprensiva actuación del juez Juli Solaz permitiría imágenes más humanas y reconfortantes, como el indulgente retraso en aplicar medidas cautelares a los ya saqueadores confesos Félix Millet y Jordi Montull. Si con anterioridad a la intervención policial se hubiera procedido a pinchar los teléfonos de los provectos patricios, las grabaciones tal vez competirían por el primer puesto con las del alcalde de Xàtiva y presidente de la Diputación de Valencia, Alfonso Rus, contando el dinero del cobro de una comisión en el interior de su automóvil.

Autor: Francesc Valls

Button Text