Hay elecciones que sirven para elegir nuevos líderes y gobiernos,y otras que se utilizan para sacar a los gobernantes del poder y renovar -aunque sea parcialmente- las élites políticas dirigentes de un país. Las municipales y autonómicas que se han celebrado en España parecen haber sido tanto del primer tipo como del segundo.

Algunos partidarios y dirigentes de los partidos que han salido damnificados lamentan que el voto de muchos ciudadanos a los nuevos partidos haya estado movido más por el deseo de castigo -votar en contra de- que por un impulso positivo -votar a favor de-. A su juicio, muchos votos que han recibido los líderes de los nuevos partidos y organizaciones no serían verdaderas opciones políticas de los ciudadanos, sino votos de castigo. Aunque, como ahora diré, no es indiferente para los nuevos partidos que los votos sean de un tipo u otro, los votos de castigo no desmerecen el sentido de la democracia. Todo lo contrario.

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