Catalunya es un país-esponja, pequeño pero con bastante capacidad para asumir lo nuevo. Las ideas europeas –a través de la frontera francesa– con más rapidez que la meseta, la revolución industrial… En la segunda mitad del siglo pasado supo absorber a una gran cantidad de ciudadanos de otras partes de España que vinieron a Cataluña y que se integraron en la vida económica, política y sindical. Uno de los grandes aciertos de Jordi Pujol fue aquella frase que los carteles que CDC puso en las calles al principio de la transición: “Es catalán todo el que vive y trabaja en Cataluña”.

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