Las nuevas alcaldesas de Barcelona y Madrid van a dibujar una visible línea de cooperación en el tenso paisaje español. Esta es una de las novedades, quizá la menos comentada, quizá la menos ‘radical’, que trae consigo el calambre del 24 de mayo. Una izquierda ajena al PSOE acaba de tomar el poder en las principales ciudades españolas y en vez de proclamar la República proclama el reino del voluntarismo. Se rebajan el sueldo, pronuncian discursos hermosos y anuncian medidas en favor de la gente más golpeada por la crisis. Intentarán gobernar, con escasa experiencia y pocos aliados, enormes maquinarias municipales. Planean inéditas escenas de fraternidad entre barceloneses y madrileños. No hay duda de que estamos ante una novedad.

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