La política en Catalunya comienza a ser laberíntica, inconexa, errática. Si ya es muy sospechoso de excentricidad el intento preconstituyente de presentar listas el 27-S sin convergencia en ellas de políticos “profesionales” dejando en manos de organismos populares de carácter privado o meramente ciudadano su confección en una “confluencia” mimética a la de las plataformas de la izquierda plural, las declaraciones de la portavoz de CDC, Mercè Conesa, alcanzan grados de desorientación verdaderamente preocupantes.

Según la convergente, su partido siente “envidia” por el referéndum griego por una supuesta -e inexistente- “bilateralidad” negociadora entre la república helénica y la Unión Europea de las medidas de austeridad y ajuste que habrían de adoptarse. Echa de menos Conesa el mismo sistema para acordar con el Estado las medidas que debiera adoptar la Generalitat de Catalunya. Se apunta la portavoz a la democracia directa estableciendo el paradigma griego como envidiable, considerando, además, que la particular troika de los catalanes sería el Gobierno central, el déficit fiscal (o sea el denominado “expolio”) y el Tribunal Constitucional que es el órgano de garantías constitucionales. Desde esa lógica, y cual portavoz de un partido sin correspondencias ideológicas con los que dirigen la Unión Europea, Conesa estableció que entre esta y Grecia hay “responsabilidades compartidas”

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