A principios de los años 80 había en Madrid un hombre que escuchaba toda la música pop que se hacía en España aunque no quisiera. De todos los puntos del país le llegaban a su despacho en Radio 3 cintas y más cintas domésticas de grupos ansiosos de darse a conocer, a ser posible a través de su programa.

Otro -yo mismo, sin ir más lejos- le habría concedido dos minutos de su tiempo a cada casete antes de tirarla a la basura, pero estoy convencido de que ese hombre -que se llamaba y se llama Jesús Ordovás (El Ferrol, 1947)- la escuchaba entera en busca de alguna perla que poner en antena. Dicen que fue una figura fundamental de la llamada Movida madrileña. Yo digo más: la Movida madrileña no habría tenido portavoz si no llega a ser por Ordovás (y su compadre Diego Manrique).

 

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