Aviso a navegantes. Como dijo Rajoy el otro día: “No se van a quedar contentos los independentistas catalanes con la reforma de la Constitución porque lo que quieren ellos es la liquidación de la soberanía nacional y ninguna reforma se va a plantear con esos parámetros”.

Las Constituciones deberían durar un montón. Estados Unidos tienen una que lleva más de doscientos años en vigor (1787). España, en cambio, lleva ocho (1812, 1834, 1837, 1869, 1876, 1931 i 1978) y la que más ha durado es la última.

Porque si de verdad quieren arreglar el contencioso catalán hay que empezar por la financiación. Por eso nadie habla de la pasta y todos hablan de la reforma de la Constitución. Como si, al fin y al cabo, reformar un trozo de papel nos hiciera a todos más felices.

La reforma de la Constitución se ha convertido, en efecto, en el mantra de la política española y de parte de la catalana. Como los periódicos no saben como llenar las páginas de política tiran de declaraciones y contradeclaraciones. Incluso el señor Duran se ha apuntado al carro aunque sólo sea con una disposición adicional.

La reforma de la Constitucion es, para los federalistas, lo mismo que ladesconexión para los independentistas. Cuando tengamos una nueva Carta Magna follaremos más -incluso los feos como yo-, comeremos de gorra y viajaremos gratis como auguró el sabio catalán Francesc Pujols hace un montón de años.

La reforma de la Constitución és com la canción del verano, la presencia de los Reyes en Marivent, los pechos al descubiero de alguna actriz famosa o los amistosos de futbol que echan por la tele para los que tienen síndrome de abstinencia, que no es mi caso.

Algunos quizá lo equiparen a una experiencia fuerte como el puenting o alrafting. Pero yo soy más de petanca y de mantener los pies en el suelo. Al fin y al cabo hay artículos, como el 14, que dice que todos “los españoles son iguales ante la ley”. Y a estas alturas eso no se lo cree nadie.

Aquí, en Catalunya, tenemos un exconsejero de Gobernación en el trullo, Jordi Ausàs, por contrabando de tabaco y a Fèlix Millet en casa. Es cierto que al consejero lo pillaron con las manos en la masa -creo que gracias al celo del fiscal en jefe de La Seu- pero la multa ascendía a 195.000 euros mientras que el amo del Palau defraudó más de 30 millones y sigue en la calle.

Por eso, el pasado 21 de julio fui a la conferencia de Pedro Sánchez, en el Barcelona Tribuna a ver qué decía sobre la cuestión. La financiación salió al final y como de pasada. El líder del PSOE se mostró partidario de mejorarla en algunos territorios “como Catalunya”. Aunque con tantas condiciones que seguro que queda en nada: “conforme a los principios de autonomía financiera, suficiencia, solidaridad y equidad interterritorial, corresponsabilidad y coordinación”.

En fin, con la reforma de la Constitución seremos más felices y comeremos perdices.