En Madrid se ha anunciado esta semana el cierre del Café Comercial, viejo establecimiento de la glorieta de Bilbao, en el que hubo tertulia, poetas y estampas de La Colmena, segunda novela triunfal de Camilo José Cela. Ha habido conmoción. La ciudad sénior, la ciudad ilustrada, ve como su mundo se apaga. Hace pocas semanas, La Vanguardia informaba del cierre del Grand Café de Oslo, faro existencialista escandinavo. La Europa de los cafés muere.

El Café Derby resiste en Santiago de Compostela. Aguantan dos viejas cafeterías santiaguesas, el Derby y el Casino, gracias al impresionante flujo de peregrinos. La ruta jacobea, revitalizada por Manuel Fraga con gran intuición, y Zara son los dos milagros económicos de la Galicia contemporánea. Podríamos decir que el Xacobeo’93 fue el momento olímpico de Galicia. Una época. Los Juegos de Barcelona. La Expo de Sevilla. Los “asaltos” al poder económico en Madrid: el momento Mario Conde. La perspicacia fraguista en Galicia. Y el destello cosmopolita del Partido Nacionalista Vasco en Bilbao. En Valencia no tenían nada entre manos y la izquierda lo pagó caro. El aznarismo promovió la turbo-Valencia, que ha acabado como el rosario de la aurora. Valencia es uno de los grandes errores de la derecha española. La quiebra de Valencia, el disparate de inflamar todos los rincones de España con las firmas contra el Estatut y la prepotencia en Baleares. Han perdido todo el Arco Mediterráneo.

Galicia sigue en su sitio y es muy interesante observarla desde una mesa del Café Derby, a dos pasos de la plaza del Toural, curioso triángulo político. En el Toural y alrededores están la casa donde nació Mariano Rajoy, la antiquísima farmacia Bescansa, propiedad de la familia de Carolina Bescansa, la mujer más influyente de Podemos, y el antiguo negocio familiar de los Beiras, una mercería, en la que Xosé Manuel Beiras aprendió de su padre los principios del galleguismo, cuyos personajes más ilustres solían reunirse en el Derby.

Retirado en Santiago de Compostela, Ramón María del Valle-Inclán pasó el último año de su vida sentado en una mesa de esta cafetería gallega de mármoles italianos en el mostrador. Las perchas del local dicen que son obra de Alejandro Campos Ramírez, más conocido como Alejandro Finisterre, inventor del futbolín y personaje de leyenda.

Es interesante observar desde el Derby las costuras de Galicia. La fuerza dominante, el Partido Popular, perdió en mayo un montón de alcaldías, muchas más de las que preveía. El PP gallego está inquieto. Sus cuadros principales reprochan al Gobierno Rajoy no haber impulsado y aprobado una nueva ley electoral municipal que les protegiese de las mareas izquierdistas. (Algunos dirigentes gallegos responsabilizan directamente al andaluz Javier Arenas de la magnitud del desastre, por haberse opuesto a que el PP aprobase en solitario esa reforma electoral). Las elecciones autonómicas tendrán lugar dentro de un año y el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, sólo se presentará a la reelección si tiene posibilidades de revalidar la mayoría absoluta. El PSOE muestra en Galicia su textura irregular. Va y viene. Es un partido de camarillas. El actual secretario general de los socialistas gallegos, José Ramón Gómez Besteiro, se halla imputado por los presuntos delitos de prevaricación y cohecho en la gestión de un solar cuando era concejal de Urbanismo en Lugo. Después de la caída de Manuel Chaves y José Antonio Griñán, en el PSOE una imputación equivale hoy a guillotina. No es fácil que Besteiro sobreviva a la hiperactividad de la jueza de Lugo, Pilar de Lara, auténtico ángel exterminador de la política gallega. Todos la temen. Si Besteiro cae, el exministro José Blanco puede reaparecer al frente del partido.

Las mareas fueron la gran novedad en las municipales de mayo. Conquistaron tres de las principales ciudades del país: A Coruña, Santiago y Ferrol. Martiño Noriega, principal discípulo del volcánico Beiras, es el nuevo alcalde de Santiago. En Ferrol, Jorge Suárez proviene de Izquierda Unida. Y en Coruña, ciudad de fuerte segmento conservador, la sorpresa la dio el joven jurista Xulio Ferreiro, independiente. El día de la constitución del nuevo ayuntamiento coruñés cantaron Grândola Vila Morena en la plaza de María Pita.

Las mareas no son propiedad de ningún partido, pero obedecen a la estrategia irmandiña del resucitado Beiras. Frente Amplio. Las mareas gallegas quizás sean la expresión más libertaria de todos los movimientos de cambio municipal en España. Podemos les ofrece ir juntos a las generales, pero no se ponen de acuerdo en la fórmula. Pablo Iglesias quiere mandar y no es seguro que los irmandiños estén dispuestos a obedecer. Es probable que el grupo dirigente de Podemos acabe renunciando a dar una mayor amplitud a su corriente, para asegurarse el control de la misma. Después del drama griego, Iglesias no quiere liderar una Syriza española en permanente asamblea.

En el Café Derby te enteras de cosas interesantes, por ejemplo, del predicamento del profesor Anton Costas, presidente del Cercle d’Economia de Barcelona, vigués de nacimiento, en ambientes intelectuales gallegos. Hay que ir a Galicia para ver el revés de la trama.