Sí, sí. Ya sé que suena mal. Incluso que está mal visto. Pero yo tampoco he desconectado. Y digo tampoco porque sé que no soy el único. Porque no ser capaz de desconectar en vacaciones está mal visto. La primera pregunta tras el regreso es: «¿Has desconectado?». Te lo preguntan tu vecino, el camarero del bar, tu compañera de oficina. Como muy preocupados por ti. No importa si te lo has pasado bien, si has sido relativamente feliz, si has conocido al hombre o la mujer de tu vida. Lo más trascendente es si has desconectado. Pues no. No he desconectado. ¿Y qué significa no desconectar? Pues que he seguido mirando el móvil. Mirarlo o no mirarlo, he ahí la cuestión.

He convivido con amigos que alardeaban de llevar tres días sin mirar el Whatsapp. Y me los he encontrado por la noche escondidos actualizándolo. Lo sé porque a la mañana siguiente yo -que estoy enfermo- les miraba la hora de la última conexión, ese chivato que algunos ocultan. Y leía: «Última conexión a las 4:27». ¿Qué es más triste, decir que no has desconectado o andar a escondidas como un yonqui buscando de madrugada la vibración del móvil que te avisa de que tienes 137 mensajes por leer, muchos de ellos compuestos por la misma sílaba repetida: «jajajajajaja»?

Y no solo Whatsapp. También he entrado en Twitter. Incluso he colgado alguna foto de un arcoíris o de una cesta de setas cogida a principios de agosto, como chuleando ante mis followers de lo bien que me lo estaba pasando cogiendo bolets en pleno verano. (Ni lo del arcoirís ni lo de la cesta de setas es broma, pueden comprobarlo entrando en mi cuenta de Twitter, a menos que estén desconectando).

Examen de la actualidad

Y sí: desde mi móvil también he entrado en webs de periódicos para saber -¡oh, pecado!- qué estaba pasando. (Incluso en las de la competencia: he disfrutado con los artículos de PuigverdPàmies o con el palo de selfi de Basté). Antes ibas a la playa con el periódico y la sillita plegable y eras hasta guay. Ahora estás en la hamaca y miras la web de un periódico con el móvil y eres un adicto al trabajo. Tampoco es eso. Pero pueden hacerme un examen de la actualidad estival, que lo paso con nota: sé que Rato ha hecho balconing desde un yate con bañador amarillo, que Neymar ha tenido paperas, que han quitado un busto del exrey del Ayuntamiento de Barcelona, que la Pantoja ha salido de permiso, o que han matado a un león muy famoso y al principio el cazador era español pero luego se ve que no. Suerte que no he desconectado para poder estar al corriente de estos acontecimientos.

Pero ¿saben qué es lo mejor de no haber desconectado? Que he podido escribir mi primer artículo tras las vacaciones sin hablar del proceso soberanista, ni del 27-S ni de nada relacionado con la independencia de Catalunya, de la que tampoco he desconectado, como les demostraré la semana que viene. Ya verán, ya.