a una de Lluís Llach, pero se equivocaron de canción. No era L’Estaca, sino La gallineta, uno de aquellos himnos con los que el cantante catalán se hizo rico en los setenta gracias a los millones de españoles que compraron sus discos, y que hoy solo merecen sus insultos. «La gallineta ha dit que prou», comenzaba aquella letra, que en español rezaba así: «La gallinita ha dicho basta/ no quiere poner un huevo más/ A hacer puñetas este sueldo/ que hace tantos años que me esclaviza». Y seguía: «No tendrán más huevos frescos/ los que de mí se aprovechan/ La gallina ha dicho no/ Viva la revolución». A toda la prepotente tramoya nacionalista que lleva años viviendo a costa de los huevos de los catalanes, la gallineta le ha dicho alto y claro que basta. Que acaben ya con su monserga independentista.

El plante de la gallineta tiene más mérito si se tiene en cuenta que la sociedad catalana lleva décadas sometida a una manipulación atroz desde el poder y desde unos medios públicos para los que la realidad es una cosa molesta que debe ignorarse. «No se puede opinar desde Madrid, Galicia o Andalucía sin conocer la realidad catalana», dice el secesionismo. Y tiene razón. Cuando uno viene a Cataluña, comprueba que la situación es mucho peor de lo que se imaginaba. En TV3, por ejemplo, el nacionalismo adoctrina desde la salida del sol hasta el ocaso. Sin tregua. Los contertulios dan pena. Están de acuerdo en todo y no pueden debatir. Necesitan urgentemente alguien que les lleve la contraria. Pero no hay nadie.

Resulta sorprendente por ello el estupor generalizado por el hecho de Mas y los suyos pretendan «tirar adelante» -así de pedestre es su lenguaje- a pesar de que la mayoría de los catalanes haya dicho prou. No nos hemos enterado todavía de que esta gente estaba dispuesta a aprobar la independencia incluso con un 26 % de los votos. Y para eso inventaron el referendo trilero, en el que primero se preguntaba a los catalanes si Cataluña debe ser un Estado. Pongamos que el 51 % dice sí y el 49 % dice no. Se tiran entonces a la basura ese 49 % de votos que han dicho no, y se pasa a hacer la pregunta clave, en la que ya solo participan los nacionalistas. ¿Debe ser independiente ese Estado? Pongamos que un 51 % de esos votantes dice sí, y un 49 % dice no. La independencia habría ganado el referendo con apenas un 26 % de votantes a favor de la independencia. Eso pretendían. Esa es su democracia. Pero la democracia real ha salvado a Cataluña. Una clara mayoría les ha dicho a los trileros que no, que se les ve el plumero. Que ya basta. Que Mas es un cadáver y debe irse. Ya lo decía la gallineta en la canción: «No sufro por mi destino/ porque una vez librado de mi verdugo/ no tiene que haber ningún peligro/ para que me entienda con mis vecinos». Y remataba: «Los gallos que conmigo tendrán que dormir/ los escogeré sanos y valientes/ que estoy harta de impotentes/ y de pasar noches aburridas». Nada más que añadir, señoría. Llach estuvo cumbre. Visionario.