“Libenter homines in quod volunt credunt” (Los hombres creen libremente lo que quieren) Julio César.

Creo conocer algo el socialismo catalán por haber militado en el PSC veintitrés años y por haber sido responsable de actos en campaña, seguimiento y análisis político y coordinador de formación. En él coexistían, desde el congreso de unificación, dos sectores: el obrerista, pro PSOE, y el nacionalista, que coqueteaba con CIU. Tras la carta publicada por Felipe González a los catalanes, y las posteriores declaraciones que ha efectuado Alfonso Guerra es bueno repasar la trayectoria de algunos socialistas que se han pasado a las filas de Artur Mas y su Junts Pel Sí. Para clarificar posturas.

Debo decir que dejé el PSC creyendo que una República Catalana podía regenerar la vida pública. No me avergüenzo de mis yerros, los más, y mis aciertos, los menos. Eso me permite dar una visión más precisa que la de algunos analistas extramuros.

De cargo en cargo: Ferràn Mascarell
El actual conseller de Cultura de Artur Mas fue el responsable de dirigir, desde los gobiernos municipales socialistas en Barcelona la política cultural socialista en la capital catalana. Mascarell ambicionaba ser alcalde de Barcelona, y optó a suceder a los Serra, Maragall, Clos y Hereu. Lo he tratado suficiente como para asegurar su altísimo nivel intelectual. Su talón de Aquiles era no contar con apoyos en el partido. No se fiaban de sus aires de político florentino, conspirateur. El tiempo les dio la razón. Mientras negociaba con Montilla su candidatura a la alcaldía, hizo lo propio con Mas. Convergencia aún no era independentista, y había creado La Casa Grande del Catalanismo, intentando atraer a socialistas.

Cambió la política cultural cosmopolita por una basada en el folklore. Lejos quedaba aquel Mascarell que se confesaba libertario en privado. Perdió a muchos colaboradores, como su jefe de prensa y hombre de confianza, Jaume Boix, actual director de la revista El Ciervo. Ahora Mascarell apoya abiertamente a Mas y a su proyecto. Podría decirse de él que ha sido un nuevo Fouché. A pesar de su cultura, demostró ser más un Condottiero que el intelectual que pretendía ser.

De aquellos polvos, el socialismo catalán vive ahora los actuales lodos.

La historia al servicio de Mas: Jaume Sobrequés
Jaume Sobrequés, que siempre explica que al acabar sus estudios de historiador fue a presentarse al President Tarradellas en su casa del exilio para ofrecerle sus servicios, es otro ejemplo claro de lo que hablamos. Responsable de prensa del PSC, nuñista, senador y diputado socialista, Sobrequés jugó la carta de su amistad con Jordi Pujol. Hijo de una de las familias que han mandado siempre en su tierra, Girona, junto a los De Puig o los Nadal, se sintió siempre más próximo a las tesis nacionalistas que a las de un partido de izquierdas. Mientras otros fueron fieles a las tesis socialistas, a pesar de provenir de formaciones como el PSAN – pienso en mi admiradoLluís Armet -, Sobrequés no dejó nunca de flirtear con el nacionalismo. Su premio fue ser nombrado por Mas director del Museo de Historia de Catalunya. El él se celebró la controvertida exposición Espanya contra Catalunya, que tantas críticas recibió. Su caso es diferente al de Mascarell, el sitio de Sobrequés debió ser es del independentismo.

Algunos lo dijimos cuando Sobrequés sustituyó a Jordi García Soler, periodista de raza y hombre inequívocamente de izquierdas, al frente del gabinete de prensa del PSC. Cambiamos a un socialista por un nacionalista. El negocio de las cabras.

Santificado sea su nombre: Josep Maria Balcells
Ex sacerdote, ex jefe de prensa del alcalde socialista Joan Clos, ex miembros de colectivos comoFem Vía, ex presentador del Telediario en Televisión Española, cargo en la extinta COM Ràdio, Balcells milita ahora en el partido de Ernest Maragall MES, Moviment d’Esquerres, que agrupa a gente del maragallismo, aunque sea difícil precisar tal ideología. Es el responsable de los pactos municipales de ésa formación. Los que lo conocimos defendiendo la ortodoxia no podemos por menos que asombrarnos ante la vehemencia que esgrime defendiendo el proceso catalán. Hay que señalar que MES y Ernest Maragall han sido una muleta necesaria para Esquerra. Mas precisaba un líder de la oposición como Oriol Junqueres, que se ausenta cuando el president acude a dar explicaciones acerca de la corrupción en su partido, y Junqueras necesitaba tener a personas que le sirvan para dar la imagen de partido transversal en el que se integran perfectamente social demócratas de toda la vida.

A Balcells, en sus tiempos de sacerdote, le llamaban mosén malaguanyat, que significa cura desaprovechado. Lo decían sus feligresas, ante la buena planta que tenía. Ha sido, también, un socialista malaguanyat.

A veces uno se pregunta los criterios que han regido en el PSC a la hora de nombrar cargos de responsabilidad relacionados con los medios. Así les luce el pelo.

Otros invitados a la fiesta
En el grupo de los que en su momento adoraban a Felipe González y ahora le dicen de todo, encontramos a no pocos nombres conocidos en el socialismo catalán. Toni Comín, hijo del tristemente desaparecido Alfonso Carlos Comín,  miembro de MES, que hace un par de días lo calificaba de burro, es otro buen ejemplo. Junto a Joan Ignaci Elena, que de joven decía sentirse rendido admirador de Felipe o de Josep Maria Sala, por entonces secretario de organización del PSC y uno de los más dignos socialistas que he conocido, o Marina Geli, que dejó el partido pero no el escaño, pasando por Jordi Martí, que ahora desempeña el cargo de gerente del ayuntamiento de Barcelona, todos cumplen el papel de cómplices en la inmensa mixtificación que se está viviendo en Catalunya.

Soy crítico con el partido socialista catalán, pero también lo soy con quien salta de cargo en cargo. Abandonar la formación política en la que militas no equivale a hacerlo también con tus ideas.

El PSC debería hacer una reflexión acerca de las razones por las que muchos nos fuimos.

Pero en éstos casos, y muchos más que mi pluma calla, ésa reflexión es innecesaria. Porque, citando la Atrea, de Crebillon, “Si no de Atrea, digno es de Tiestes tan funesto designio”.