El choque de trenes se empezó a producir. El tren de la independencia de Cataluña va lanzado a toda velocidad contra el tren de la legalidad de España. Unos maquinistas endiosados por las urnas han decidido acelerar al máximo. Piensan que, con velocidad y falta de juicio, pueden hacer que su convoy vuele sobre los vagones del Estado. Desde La Moncloa, el maquinista del tren del Estado avisa que él está en medio de la vía, protegido por instituciones y leyes. Los maquinistas de la independencia no lo escuchan. Se ven cargados de razones democráticas para seguir y anuncian una gran insumisión ante el Tribunal Constitucional y las leyes españolas. Nadie puede calcular la dimensión de la catástrofe. Pero será una catástrofe.

Esa es la sensación que queda después de la propuesta de resolución presentada por Junts pel Sí y la CUP, que, juntos, tienen la mayoría absoluta del Parlamento catalán. No se trata de una declaración teórica, como otras aprobadas en esa Cámara. Se trata de la iniciativa necesaria para proceder a la declaración de independencia de Cataluña en el plazo más breve posible con un trío de decisiones de los rebeldes: horizonte temporal, método y finalidad. Horizonte temporal, para tener redactadas las leyes del nuevo estado en treinta días. Método, ignorar los requerimientos del Constitucional y desobedecer las leyes españolas. Y finalidad, hacer la situación irreversible de modo que solo se puedan negociar los términos de la ruptura; el reparto de bienes y obligaciones, para entendernos.

Si Cataluña era el lunes para Rajoy el mayor problema político de España, 24 horas después puede decir que es el problema político más grave desde la muerte de Franco hace 40 años. Nunca hubo un desafío más duro. Nunca hubo una iniciativa más peligrosa. Por supuesto, nunca estuvo tan en peligro la unidad de la nación. Y nunca fue peor el clima político, porque han desaparecido grandes palabras, como diálogo. Y los provocadores del desafío hablan en nombre de la democracia, con mucha gente que los respalda. Y cuando se invoca la ley, sublevan a sus huestes con el argumento de que se les amenaza.

Se me dirá que el presidente del Gobierno reaccionó con autoridad. Y que Pedro Sánchez y Albert Rivera han dado un ejemplo de sensatez al ponerse al lado del Gobierno. Y responderé que de acuerdo; pero la situación ha llegado a tal nivel, que es imposible prever lo que ocurrirá con media Cataluña jaleando la república catalana en la calle y la otra media temerosa y posiblemente silenciada. Nadie sabe qué ocurrirá con media Cataluña en desobediencia civil. Ganará el Estado, pero temo que gane sin convencer. Cualquiera que gane, ganará sin convencer. Qué pena de país.