Nadie ha propuesto una lectura plebiscitaria de los resultados hoy de las legislativas en Catalunya. Y sin embargo, la tendrán porque están muy frescos los comicios del 27-S que sirvieron para que el secesionismo argumente su legitimidad para continuar el proceso soberanista que alcanzó con la declaración parlamentaria del 9-N su expresión más radical y menos afortunada de cuantas eran posibles. Esta noche se comprobará si la correlación de fuerzas que arrojaron las últimas catalanas persiste o se desequilibra. Abunda la percepción de que el 20-D será el reverso del 27-S porque el electorado independentista está desmovilizándose por la pésima gestión de aquellos resultados. Se demostraría, además, que el president se equivocó, precipitándose, en la fecha de la convocatoria adelantada.

Las condiciones sociopolíticas de la Catalunya que hoy vota resultan declinantes para el separatismo. Veamos: 1) Casi tres meses después del 27-S no hay aún acuerdo entre JxSí y la CUP sobre las grandes lí­neas de un programa de gobierno y sobre la investidura de Artur Mas. 2) La coalición JxSí ha sido puramente coyuntural, de modo que CDC – diluida y refugiada en Democràcia i Llibertat– y ERC concurren por separado, mientras la CUP, con implacable coherencia, se abstiene de participar en unas elecciones que considera ajenas. 3) La declaración secesionista y claramente errónea –por insurreccional e inviable– del 9-N ha sido ya anulada por el Tribunal Constitucional mediante sentencia unánime de sus magistrados, y 4) Las fuerzas emergentes de este 20-D en Catalunya son En Comú Podem y Ciutadans, opciones a las que se une la de los republicanos que sustituirían en la hegemonía independentista a la antigua CDC.

En estas circunstancias no resulta extraño que los analistas más cercanos al proceso independentista se muestren pesimistas sobre las alteraciones que los resultados de las elecciones de hoy pueden provocar en el precario escenario catalán. El dilema entre el pacto JxSí y la CUP y unas nuevas elecciones catalanas se ha convertido en una especie de pulso entre distintas fuerzas sociales y económicas de Catalunya que, aun temiendo las incertidumbres de una nueva cita electoral, rechazan la radical contradicción de que la extinta CDC cogobierne con los republicanos y la CUP, tironeando al país hacia posiciones alejadas de la centralidad que ha presidido la conducción política de Catalunya en las últimas décadas.

La impresión de cualificados interlocutores catalanes, sin embargo, es que el resultado de las generales de hoy en Catalunya impulsará un pacto entre JxSí y la CUP porque la debilidad de las opciones separatistas este domingo las aglutinará más que distanciarlas ya que todas ellas interiorizan como un riesgo excesivo volver en marzo a elegir un nuevo Parlament. El electorado que ha secundado a JxSí y la CUP presenta ya síntomas de fatiga. El secesionismo catalán –tan heterogéneo ideológicamente– se va a enrocar si, como parece, el 20-D es el reverso del 27-S.

La campaña electoral de los grandes partidos, lejos de abrir opciones para una posible solución transaccional que persuadiese a sectores sociales catalanes proclives a la rectificación del planteamiento secesionista, ha omitido clamorosamente el debate de la cuestión y provocado un apagón de ideas y discursos sobre Catalunya que es, hoy por hoy, el primer problema político de España. El hecho de que ni Sánchez ni Rajoy –atrapados en su particular pelea taber­naria en el debate del pasado lunes– hayan articulado una propuesta creíble sobre la salida a la crisis con la que una parte de Catalunya desafía al Estado resulta decepcionante. Y expresa una mediocridad política en la clase dirigente central que ha dejado amplio margen a la iniciativa de Podemos de un inmediato referéndum y a la relevancia política de Ada Colau que se ha alzado como una referencia casi icónica para la izquierda alternativa en Catalunya y en el resto de España.

España va a cambiar hoy de paradigma político. Pero Catalunya también porque En Comú Podem –que formará grupo parlamentario– y Ciutadans –que obtendrá un mejor resultado que PSC y PP– serán las fuerzas tractoras de otro discurso que representará lo nuevo frente a lo viejo. Y si vieja política es la del PP y del PSOE, lo es tanto o más la de CDC y ERC. Vuelco en general en España y en particular en Catalunya. Eso es lo que cabe esperar de los resultados de las elecciones generales que tendrán efectos de naturaleza catártica. Catalunya y el resto de España siguen con sus ciudadanías sólidamente conectadas y sus respectivas clases dirigentes desintonizadas. Se trata de una anomalía que los comicios de hoy pueden corregir resituando la cuestión catalana en el contexto de una España sensiblemente distinta a la de ayer.