• En una entrevista publicada en la revista ‘Micromega 7’el pasado mes de octubre -el entrevistador era el catedrático Fernando Vallespín-, Pablo Iglesias no podía ser más rotundo

O Pablo Iglesias ha cambiado ostensiblemente de opinión, o las pretendidas conversaciones de Podemos con el PSOE para constituir un “Gobierno de izquierdas” son –como ha llegado a suponer César Luena– un “teatro”. La abundancia verbal del líder de Podemos (*) se le ha vuelto, otra vez, en contra. Porque en una entrevista publicada en la revista ‘Micromega 7’ el pasado mes de octubre -el entrevistador era el catedrático Fernando Vallespín-, Pablo Iglesias no podía ser más rotundo:

“Yo creo que algo parecido a lo que hicimos en las autonómicas, nos mataría. Un Podemos con fuerza suficiente para exigirle al PSOE dos ministerios importantes y entrar en el Gobierno podría ser algo que nos diera experiencia de gobierno, pero nos destruiría electoralmente. Igual que para el PSOE en un Gobierno con nosotros sería terrible. Y votar a favor de ellos en una investidura nos haría muchísimo daño. Eso de alguna manera cerraría la posibilidad de realizar `la hipótesis Podemos´ y haría que empezara una historia nueva en la que casi habría que empezar desde cero y en la que seguramente solo tendríamos garantizado el ser una digna tercera fuerza política, lo cual, además, nos obligaría a colocarnos en la margen izquierda del tablero”.

Esta reflexión estratégica de Iglesias no se compadece con la representación podemita del pasado viernes, en la que, flanqueado por los que serían futuros ministros de Podemos, él se postulaba como vicepresidente de un Gobierno de Pedro Sánchez. Tampoco es compatible aquella reflexión de hace solo unos meses con el propósito de poner en marcha “toda la potencia de fuego y dirigirla a intentar superar al Partido Socialista” (sic), aunque, sin embargo, podría ser coherente con su propósito de “hacer cosas que para ellos supongan situaciones de desesperación” (sic).

Podemos -así lo manifestaba su primer dirigente- aspiraba a una doble operación siempre dirigida contra el PSOE. De una parte, lograr el ‘sorpasso’ (sustitución), y de otra, hundirle en la ‘pasokización’ (convertirle en lo que Syriza ha logrado transformar al socialismo griego del Pasok). De ahí el concepto que maneja Iglesias de ‘sorpassokización’.

“Solo un PSOE superado por Podemos cederá ante nuestro liderazgo,

o se suicidará políticamente entregándose al liderazgo del PP”

En el artículo de Iglesias publicado en la revista `New Left Review´ de mayo-junio de 2015, el dirigente de Podemos resultaba también muy explícito:

“Nuestro ‘sorpasso’ al PSOE es posible, pero estamos muy lejos de su ‘pasokización’, esto es, su reducción hasta casi lo testimonial como fuerza política del otrora partido más importante de Grecia, el socialista Pasok, tras su coalición con Nueva Democracia en torno a la aplicación de políticas de austeridad. El PSOE, por el contrario, sigue siendo un partido con un alto nivel de apoyo electoral y no parece que a corto plazo vaya a recoger tan solo una representación testimonial”.

Tras esta constatación realista, Iglesias, no obstante, persevera en su propósito:

“En cualquier caso, es fundamental en el diseño de nuestra táctica política de este año superar al Partido Socialista, ya que es una de las condiciones para que el cambio político sea posible en España, incluso si no logramos superar al PP. La hipótesis de que el PSOE gire los 180 grados necesarios para que podamos entendernos con los socialistas tras su abandono de las políticas de austeridad depende de que, efectivamente, les superemos. Solo un PSOE superado por Podemos cederá ante nuestro liderazgo, o se suicidará políticamente entregándose al liderazgo del PP”.

No se está jugando solo el futuro de su partido, sino la suerte del país,

porque Podemos se ha marcado objetivos que comprometen la esencia del Estado

En la entrevista que Carlos A. Foguet y Jorge Galindo hacen a Iglesias en ‘Jotdown’ el 8 de octubre de 2015, preguntado por el posible entendimiento con el PSOE por afinidad de las bases, Pablo Iglesias contesta resueltamente que solo sería posible si “nosotros somos más fuertes que ellos; si no, creo que no hay ninguna posibilidad. Me parece que Pedro Sánchez prefiere pactar mil veces con Ciudadanos que con nosotros y creo que nosotros en una situación de subalternidad (sic) respecto al PSOE, podríamos conseguir muy pocas cosas. Se ha demostrado que los modelos operativos son Madrid y Cádiz. Eso sí puede implicar una interlocución, pero es clave que la socialdemocracia se mueva”.

Las citas de reflexiones estratégicas de Iglesias, de hace solo unos meses, deben ser conocidas por los dirigentes del PSOE. No es posible que Sánchez no las tenga en cuenta. Tampoco que no tenga presente que la última ratio de Podemos no es otra que destruir al actual socialismo y ocupar un espacio todavía más amplio que el suyo (Podemos huye del encasillamiento en “la izquierda”). Asistimos, en consecuencia, a un extraño espectáculo en el que la apariencia y la realidad, la sinceridad y el engaño, no se pueden distinguir.

El secretario general del PSOE tiene una seria papeleta. El gran problema consiste en que no se está jugando solo ni principalmente el futuro de su partido, sino la suerte entera del país, porque Podemos, junto a la destrucción del socialismo, se ha marcado objetivos adicionales -proceso constituyente, referéndum vinculante en Cataluña, vuelco del modelo económico- que comprometen la esencia del actual Estado. De tal manera que lo que pretende no es un regeneracionismo desde el ‘status quo’, sino la transformación del sistema democrático en otro de inspiraciones confesadamente populistas en su expresión más radical.