• Junts pel Sí ordena dejar la palabra en el cajón aunque admite que habrá un punto de inflexión hacia unas leyes de transitoriedad y la constitución de un nuevo Estado

Mientras el Estado sigue buscando quién lo gobierne, la política catalana ha arrancado su especial legislatura con una aparencia de calma solo manchada por el enésimo debate semántico sobre el proceso soberanista. Los matices -o no solo matices- utilizados por distintos miembros de Junts pel Sí y del Govern para definir una futura declaración independentista han reabierto el debate sobre un asunto que parecía cerrado por los propios partido soberanistas: la Declaración Unilateral de Independencia.

La portavoz de JxSí, Marta Rovira, encendió la chispa el martes al hablar de “declaración de independencia” previa a las convocatorias de unas elecciones constituyentes y un referéndum para ratificar una eventual constitución catalana. En lo que pareció ser una enmienda a la republicana, la portavoz del Govern, Neus Munté, rebajó el término a “declaración de intenciones”. Y el conseller de Exteriors, Raül Romeva, añadió este viernes más complejidad al tema al asegurar que ambas declaraciones son en realidad sinónimas, aunque él prefiere hablar de “proclamación”, que es la palabra exacta que aparece en la hoja de ruta de JxSí.

Pese a estas disparidades semánticas, Junts pel Sí defiende que todos tienen razón mientras que la oposición -lo hizo ayer Miquel Iceta (PSC) tras entrevistarse con el president Puigdemont- ya habla de “elementos de confusión” cuando no subraya la disparidad de criterios en el seno de la coalición independentista.

Una palabra que genera negatividad

La diversidad de léxico de JxSí apunta siempre a una misma dirección: evitar el término tabú. La palabra maldita. Unilateral. La coalición tiene claro que esa es el vocablo impronunciable ocurra lo que ocurra dentro de 18 meses y así lo ha ordenado a todos sus miembros. Desde la coalición se apunta a que la unilateralidad nunca será posible porque, en todo caso, todo movimiento hacia la consecución de la independencia es simplemente la aplicación del “mandato democrático”.

En cambio, cuando se repasa de nuevo la hoja de ruta, se da por descontado que habrá un punto de inflexión en el que se va a dar el paso hacia una situación de transitoriedad -amparada por unas leyes a tal efecto- y que ese punto de no retorno no podrá ser fruto de una negociación si el Estado no quiere. Fue el exvicepresidente del Govern, Josep Lluís Carod-Rovira, el que una vez aseguró que “la independencia te la declaras, no te la declaran”. Parece difícil negar cierto grado de unilateralidad en un gesto de estas características.

La razón de evitar el término responde a dos motivos: la palabra asusta a unos eventuales aliados en el proceso, la comunidad internacional -la declaración del 9N ya recibió algunos avisos-, pero tampoco gusta a algunos votantes, que asocian unilateralidad con conflicto e inseguridad. “La unilateralidad no depende sólo de uno de los actores. En Europa este concepto se entiende de una manera negativa”, subrayó Munté.

Además, el concepto de unilateralidad siempre remite al caso kosovar y, en ese punto, el bloque soberanista no quiere pillarse los dedos. El Consell Assessor per a la Transició Nacional (CATN) establece en uno de sus informes que el precedente de la DUI de Kosovo, avalada por la Corte Penal Internacional, sirve en tanto que demuestra que es una acción que no infringe el derecho internacional, pero añade que no debe ignorase el contexto que llevó al país balcánico a dicha situación. Tanto JxSí como la CUP no se han cansado de recordar que el resultado del 27S no hace posible la vía kosovar. Descartado este referente, JxSí se adentra en una vía propia e incierta que, como ya se ha comprobado esta semana, resulta difícil de explicar.