• El líder de Podemos quiere quedarse como única oposición para socavar al partido socialista

En la rueda de prensa-espectáculo del pasado viernes, día 22, lo que hizo Pablo Iglesias, siempre a caballo entre la asamblea de facultad y el plató de televisión, no fue ofrecer un pacto de gobierno al PSOE, sino, más bien, reventarlo.

Y muchos españoles, pasada la irritación de aquella maniobra insultante, vejatoria y falta de todo respeto a los socialistas, nos alegramos mucho de que ese acuerdo no sea posible.

Iglesias ha planteado al PSOE un pacto que, en la forma y en el fondo, es absolutamente intolerable. Hay que tener muy claro que su pretensión no es, así lo niegue mil veces, entrar en un Gobierno presidido por Pedro Sánchez. El objetivo de Podemos es ocupar el espacio del Partido Socialista, para lo cual necesita, simple y llanamente, destruirlo.

A corto o medio plazo, España tendrá un Gobierno razonablemente estable –el país lo necesita– en el que se comprometan, de una manera u otra, el PP, Ciudadanos y, sí, también el PSOE. Con las personas y los acuerdos parlamentarios que sus dirigentes consideren necesarios.

Pablo Iglesias Turrión ha reventado el acuerdo con el PSOE para que éste se sume a las fuerzas constitucionalistas, mientras Podemos se erige como la Auténtica, Verdadera y Genuina Oposición de Izquierdas, todo con mucha mayúscula. Y, claro, se van a pasar la Legislatura, dure ésta lo que dure, machacando con el mantra de que “si hay un gobierno de derecha en España es por culpa de los socialistas”. Al tiempo.

¿Objetivo? Ir socavando, desde la cómoda oposición, el apoyo político al PSOE. Todo ello, como vemos, a base de numeritos sin cuento, evocaciones bolivarianas y actitudes de desprecio al adversario: “Es que tú, Pedro, mandas poco en el PSOE”… Por no hablar del “asalto a los cielos”, aquella referencia de Marx a La Comuna de París ¡en 1871! Qué rancia suena la nueva política.

Este acoso al PSOE empezó apenas terminado el escrutinio electoral, cuando lo primero que hizo Podemos fue establecer la condición sine qua non de apoyar la consulta secesionista en Cataluña. El nacionalismo lo llama, ¡ah!, ¡oh!, “el derecho a decidir”, que puede sonar hasta bonito si no fuera porque pretende proclamar, a plazo fijo, la república catalana independiente; o sea, romper España. Bien podríamos llamar a esa consulta “el referéndum de nunca acabar”. Y a buen entendedor…

Podemos y su líder no engañan

salvo a quienes quieran dejarse engañar

(Por cierto, mucho ojo con expresiones eufemísticas y tramposas como “el derecho a decidir”: si la usamos, si la escribimos, si la aceptamos, estaremos ‘comprando’ el lenguaje de los independentistas, y cuando esto ocurre, ya tenemos la batalla medio perdida).

El dirigente de Podemos sabe bien que el PSOE no puede aceptar jamás ese referéndum. Porque la unidad de España no se vende en almoneda y porque el partido que fundó Pablo Iglesias Posse jamás ha sido nacionalista. Todo hay que decirlo: cuando el PSOE ha corrido en la pista de los nacionalistas, se ha quedado poco menos que en la cuneta.

Luego vino la exigencia de los cuatro grupos parlamentarios, que no coló pero ahí estuvo.

Y, por fin, el agravio del 22 de febrero. Iglesias, sin apenas cruzarse una llamada con Sánchez, informa al Rey (“por respeto institucional” –dice. ¿Desde cuándo?) de que él quiere ser vicepresidente ejecutivo y que los suyos ocupen carteras como Economía, Defensa, Interior y Justicia, Asuntos Exteriores y ese ministerio-engendro que llama de la Plurinacionalidad para contentar al nacionalismo.

A un hombre al que, según dijo, le “molaría tener un programa de televisión si fuera presidente del Gobierno”, imaginémoslo de Vicepresidente y ministro de Presidencia, con la Secretaría de Estado de Comunicación bajo su responsabilidad y con toda la mano que pudiera meter en RTVE y la Agencia EFE, por no hablar del Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

Seguimos en el numerito del viernes, durante el que, para más inri, con una arrogancia rayana en la chulería, se dirige a Pedro Sánchez desde la televisión y le dice que su presidencia sería una “sonrisa del destino que me tiene que agradecer”.

Remata la faena en el turno de preguntas ironizando, impertinente, sobre el “precioso abrigo de pieles” que lleva una periodista. Él, que parece esclavo de sus vaqueros, su camisa blanca remangada y su coleta.

Podemos y su líder no engañan salvo a quienes quieran dejarse engañar. Circula estos días por SMS una imagen en la que aparece el emblema del PSOE, con el puño y la rosa. Debajo, esta frase: “Fundado y disuelto por Pablo Iglesias”.

El comité federal del Partido Socialista se reúne este sábado, día 30, para decidir su política de alianzas de cara a la formación de un nuevo Gobierno. Son gente capaz que sabe bien cuán importante es para España un PSOE fuerte, unido y con sentido de Estado. Tendrán claro quiénes son los adversarios y quiénes los enemigos.