• Las reformas que se necesitan no serán posibles sin el acuerdo de los dos grandes partidos

Ninguna de las grandes reformas que necesita la sociedad española será posible sin el acuerdo de los dos grandes partidos del arco parlamentario: PP y PSOE están obligados a entenderse por el bien de España. Sus líderes tienen que ponerse al servicio de ese objetivo esencial, porque nada de lo que pretendan por separado podrá salir adelante. No es la hora de los vetos sino, parafraseando al Rey, la de darse la mano y no la espalda.

Reformar la Constitución, llevar a cabo las reformas institucionales necesarias para que España pueda afrontar el futuro con un espíritu renovado, y poner en marcha un nuevo proyecto ilusionante, asumido por una amplia mayoría, es misión de todos. Pero exige como condición previa que los dos grandes partidos, que se han alternado en el gobierno de la nación durante los últimos treinta y cinco años, y que han contribuido decisivamente al mayor éxito de nuestra historia moderna, demuestren sentido de Estado.

La sociedad española ha hecho un tremendo esfuerzo durante estos últimos años para salir de una de las crisis más dramáticas que se recuerdan, con la destrucción de millones de puestos de trabajo y centenares de miles de empresas que tardaremos años en recuperar. Tenemos que poner todo el empeño en defender lo logrado a lo largo de las últimas décadas, y asegurar la continuidad de un Estado de Bienestar que nos ha costado mucho conseguir y que podría ponerse el peligro por aventuras disparatadas. Se han hecho cosas mal, incluso algunas muy mal, sin embargo el balance es sumamente positivo.

Justo ahora, cuando empezábamos a ver los primeros frutos de todos esos esfuerzos, nos enfrentamos a una doble crisis política que amenaza con llevarse por delante todo ese sacrificio. Por un lado, el desafío independentista en Cataluña. Por otro, la actitud de algunos líderes políticos que genera desconfianza en la sociedad y en los inversores.

No tenemos tiempo que perder. Es urgente el establecimiento de un pacto con el consenso necesario para hacer las grandes reformas que España requiere. Pero los líderes políticos no parecen estar suficientemente concienciados de que es el momento de actuar con generosidad y responsabilidad, anteponiendo los intereses generales a sus aspiraciones personales y partidistas. Deberían tener claro que esas reformas sólo podrán abordarse con la colaboración de los dos grandes partidos. Algo que habrían de entender las demás fuerzas políticas, entre las cuales Ciudadanos parece la más proclive a ello.

Lo importante en este momento es alcanzar un pacto de legislatura

Durante los próximos meses, cruciales para España, las grandes reformas marcarán la hoja de ruta de la actividad política. Lo importante en este momento es alcanzar un pacto de legislatura, pues es en el Parlamento dónde tienen que aprobarse. Si bien la función del nuevo Gobierno debería limitarse a la gestión de los asuntos ordinarios, éste necesitará disponer de la estabilidad que permita acordar las reformas.

El Parlamento será el principal protagonista de esta nueva legislatura que deberá tener un carácter transitorio, ya que la reforma constitucional llevará forzosamente a su disolución para refrendarla. Por ello, es necesario que se produzca una tregua en esa dinámica de enfrentamientos partidistas. De lo contrario se producirá un frenazo a la recuperación del crecimiento y a la creación de empleo, cuando no un retroceso.

La agenda de esas grandes reformas debería dar continuidad y mejorar las que se establecieron en la anterior legislatura, y poner en marcha las nuevas reformas que por su profundidad necesitan de grandes consensos. El mensaje a los ciudadanos, a los inversores y a Europa de que mantendremos el impulso reformista contribuiría sin duda a transmitir la idea de que España tiene un proyecto compartido, con el que se puede contar en el concierto democrático internacional. Esto debería venir acompañado de un cambio de actitud para salir del atolladero en el que se encuentra Cataluña, alejándonos gradualmente del clima de desafectos al que por desgracia hemos llegado.

La hora del Parlamento debería ya estar en marcha; su retraso ensombrece día tras día nuestras expectativas en un frágil entorno geopolítico internacional. La posibilidad de unas nuevas elecciones se perfila como una amenaza que incrementaría peligrosamente el grado de incertidumbre, porque mantendríamos el mismo escenario, y las grandes reformas seguirán exigiendo del concurso de los dos grandes partidos. Por expresarlo en términos pictóricos, pasemos del duelo a garrotazos de Goya al abrazo de Genovés.

 

Javier Vega de Seoane es presidente del Círculo de Empresarios