• Cambiar España, hacer reformas y votarlas es la única salida sensata que nos queda

Eran las once y media pasadas de la noche del 27 de septiembre de 2015, cuando los principales líderes de Junts pel Sí se apresuraban a proclamar la rotunda victoria de su opción electoral. Victoria que, como las semanas y meses posteriores han demostrado, no fue tal.

La coalición electoral la encabezaba Raül Romeva, exeurodiputado de Iniciativa per Catalunya Verds, atraído y fichado por el independentismo “procesista”, que aceptó encabezar la lista a cambio de no encabezar el Gobierno. Eso estaba guardado para Artur Mas. La única obsesión del ya expresidente era no rendir cuentas ante la ciudadanía de Cataluña por la gestión realizada al frente de la Generalitat. Así, convencido de que acabaría pasando lo que no pasó, forzó una coalición en la que CDC, ERC, la Asamblea Nacional de Cataluña, Òmnium cultural y otros políticos que dicen representar colectivos –cosa que se ha demostrado cuanto menos dudosa-, se unían con el objetivo, reitero, de que pasara lo que no pasó, que JxS obtuviese mayoría absoluta.

La fórmula adoptada por Mas y sus socios para presentarse a las elecciones, sus decisiones y sobre todo su falta de responsabilidad a la hora de aprobar en el Parlament una resolución que llamaba al incumplimiento de la ley y las sentencias, lejos de lo que dicen los voceros del proceso, ha provocado pocos momentos históricos para Cataluña y demasiadas situaciones esperpénticas, siendo suave.

Tres meses y medio después de las elecciones, algunas cosas ya se pueden afirmar con rotundidad:

Primera. El proceso acabó ayer con la Presidencia de Artur Mas y quién sabe si con el poco futuro y rédito político que atesoraba.

Segunda: El proceso ha provocado una escisión en el seno de los socialistas catalanes que inevitablemente ha afectado a las aspiraciones electorales del PSOE como principal alternativa política al Partido Popular.

Tercera. El proceso ha provocado la práctica desaparición de Unió Democràtica de Catalunya.

Cuarta. El proceso ha supuesto la disolución de facto de Convergència Democràtica de Catalunya y de Inicitiva per Catalunya Verds.

Quinto. El resultado de las CUP fue notable, pero en menos de cuatro meses ya han ejercido con maestría el arte de lo que ellos denominan, frívolamente, la vieja política.

Sexto. El que ha sido el primer partido de España el pasado 20 de diciembre, sigue siendo irrelevante en Cataluña, lo que supone un grave problema para el Partido Popular, pero también para la resolución del conflicto existente.

Séptimo. El proceso ha supuesto la celebración de 4 elecciones en 5 años y ello no ha dado ni más estabilidad política a Cataluña, ni mayor bienestar a los catalanes.

Octavo. Se ha demostrado absolutamente falsa la afirmación de que el problema catalán lo resolverían la inacción y el tiempo –que no, no siempre todo lo cura-.

Noveno. Cataluña es hoy un país más pobre, más fragmentado, menos atractivo, muy alejado de la excelencia que siempre la caracterizó y, lo más preocupante, con un futuro nada halagüeño.

Décimo. Se ha demostrado que por poco atractiva que sea, la propuesta de negociar, cambiar España, hacer reformas y votarlas es la única salida sensata que nos queda.

En definitiva, el 27 de septiembre JxS obtuvo un mal resultado que, al margen de las consideraciones que acabo de hacer, ha acabado con el principal objetivo de hacer presidente a Artur Mas y supuso poner el proyecto político de Cataluña en manos de un partido como las CUP, cuyo proyecto está muy alejado, ya no del mundo no independentista, sino de la gran mayoría del independentismo catalán.

El escenario político catalán es caótico y ello sumado a la situación en España, parece que negros nubarrones se ciernen sobre nuestro futuro inmediato.

La elección de Carles Puigdemont ayer como Presidente de la Generalitat puede alentar a algunos a pedir el “gran pacto” en España, la gran coalición. No se dejen engañar. No habrá gobierno esta legislatura con una mayoría parlamentaria más sólida que la que ha tenido Rajoy durante los últimos 4 años y en cambio el problema catalán no ha hecho más que agravarse. Para solucionar el conflicto entre Cataluña y España no se necesitan rodillos parlamentarios –como ha demostrado Rajoy-. Al independentismo se le debe responder con inteligencia y voluntad de pacto. Es decir, todo lo contrario que han aplicado Mas y Rajoy.

Ayer se fue Mas. Ahora falta que se vaya Rajoy y está en manos de los progresistas conseguirlo. Lo necesita España y lo necesita Cataluña.

Víctor Francos Díaz – abogado y miembro de la Asociación La Tercera Vía

 

http://www.elplural.com/opinion/mas-ha-muerto-pero-victimas-hay-mas/