• Plantear así el inicio de una negociación difícil es un gran y grave error estratégico, impropio de un politólogo avezado como sin duda es Pablo Iglesias

A estas alturas ya casi nada puede sorprendernos en nuestra política. No solo por todo lo vivido en Cataluña estos últimos años, y sobre todo estas últimas semanas, sino por lo que estamos viviendo ahora en la política española.

Todo es muy extraño: desde que Mariano Rajoy optó por “declinar” la invitación real para someterse a la investidura presidencial, algo insólito, inesperado y por ahora inexplicado, hasta el primer gran error de estrategia político cometido por Pablo Iglesias al anunciar en conferencia de prensa que exigía para él la única Vicepresidencia de un gobierno presidido por Pedro Sánchez, con el añadido de algo así como media docena de ministerios para Podemos e Izquierda Unida, sin haber tenido ni tan siquiera la mínima cortesía de hablarlo con el líder del PSOE, hasta el punto que la primera información que tuvo Sánchez al respecto fue a través de Felipe VI, con quien acababa de reunirse el líder de Podemos.

Este primer gran error de estrategia política de Iglesias permitió a Rajoy una jugada táctica que puede acabar siendo letal para él y para el PP, pero que también puede ser mortal para la esperanza existente acerca de la posibilidad real de un nuevo gobierno de cambio y progreso en España.

Podemos, con todas sus confluencias diversas y dispersas –no solo los valencianos de Compromís sino también los gallegos de las Mareas y sobre todo los catalanes de En Comú Podem, con Ada Colau dispuesta a liderar por su cuenta una nueva formación política-, se halla ahora ante una encrucijada decisiva. Deben pasar de repente de la prepolítica a la política real. Aunque tal vez les cueste reconocerlo, ya pertenecen a la por ellos tan denostada “casta”, y de una vez por todas deben decidir si siguen optando por Juego de tronos o eligen Borgen.

Podemos debe decidir si de verdad puede o no, si se arriesga, como ha sucedido ya en Portugal con el apoyo del Partido Comunista y el Bloque de Izquierdas al gobierno del socialista Antonio Costa, a hacer posible en España un gobierno de cambio y progreso con el socialista Pedro Sánchez a la cabeza. Y si de Portugal pasamos a Grecia, donde Podemos y muy en especial el propio Pablo Iglesias tuvieron y tienen aún a Syriza y Alexis Tsipras como referente, su actual gobierno es de coalición, y no con un partido de izquierdas ni de centro, como en España es Ciudadanos, sino con los llamados Griegos Independientes, caracterizados por su xenofobia.

No es de recibo exigir ya de entrada, para Podemos e IU, la Vicepresidencia y “al menos la mitad de ministerios” –entre otros, según parece, los de Exteriores, Economía, Defensa, Interior y una nueva cartera, la de la Plurinacionalidad, extrañamente no los de Empleo y Seguridad Social, Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, o Educación, Cultura y Deporte, por poner solo algunos ejemplos-, y hacerlo, además, con descalificaciones y menosprecios globales a la dirección del PSOE y a algunos de sus dirigentes históricos.

Plantear así el inicio de una negociación difícil es un gran y grave error estratégico, impropio de un politólogo avezado como sin duda es Pablo Iglesias. A no ser, claro está, que lo que esté diciendo el líder de Podemos sea “podemos pero no queremos”. Si es así, suya será la responsabilidad de que no haya el tan necesario gobierno de cambio y progreso que España sin duda necesita.

Jordi García-Soler es periodista y analista político