La llamada izquierda soberanista catalana está protagonizando una serie de movimientos cara a explorar un terreno común con las formaciones de la izquierda independentista, ERC y CUP, con la vista puesta en el proceso constituyente que habría de desembocar en la proclamación de la República Catalana. http://www.ara.cat/politica/que-Matas-ERC-MES-PSC_0_1527447267.html

Uno de los impulsores de esta iniciativa es la plataforma Acord d’Esquerres per la República Catalana (AExRC), constituida en julio del año pasado y formada por militantes y exmilitantes del sector independentista de ICV y EUiA que han realizado una ronda de contactos con ERC, CUP y EUiA con el objetivo que las fuerzas de izquierda tengan una voz común en el proceso constituyente. Ahora falta completar las conversaciones con movimientos sociales, sindicatos y En Comú Podem; además, no descartan abrirse a CDC en una segunda fase del proceso. El objetivo, según su portavoz Francesc Matas, es ampliar la base política y social del proceso soberanista, pues “si no es con el liderazgo de la izquierda, la independencia será muy difícil” y no podrá superarse la barrera del 47,8% de los votos obtenidos en el 27S.

El otro actor de esta operación es EUiA que, a través de su Fundació l’Alternativa, ha organizado junto con la Fundació Josep Irla, vinculada a ERC, cinco mesas redondas con políticos y académicos, que se desarrollarán del 16 de febrero al 12 de abril, a fin de buscar puntos comunes entre el republicanismo federal y el independentismo, así como estrechar los lazos entre ERC y EUiA. Ello en un momento en que los primeros están integrados con CDC en la coalición Junts pel Sí (JxSí) y los segundos en las coaliciones Catalunya Sí Que Es Pot y En Comú Podem y con la perspectiva de incorporarse dentro de un año al gran partido de izquierdas propuesto por Ada Colau.

Finalmente, también se observan movimientos entre los escindidos del sector independentista del PSC, que crearon el Moviment d’Esquerres (MES), producto de la confluencia entre Nova Esquerra Catalana de Ernest Maragall y Movimient de Catalunya de los exconsellers socialistas Marina Geli, Antoni Castells, Montserrat Tura o Joaquim Nadal. Esta formación, que forma parte de la cuota de ERC en JxSí, propugna la creación de un nuevo espacio político, entre ERC y En Comú Podem, donde confluirían las plataformas independentistas del PSC que no se integraron en MES como Avacem de Joan Ignasi Elena o Socialisme Catalunya Llibertat del conseller de Sanidad, Toni Comín, pero también los independentistas de ICV que han dejado el partido.

Los malabarismos de Nuet

Las recientes declaraciones del líder de EUiA, Joan Josep Nuet al diario digital independentista El Món resultan reveladoras tanto de los objetivos políticos de esta operación, como del grado de confusión teórica de sus patrocinadores.

Nuet propugna la inclusión de las fuerzas federalistas en el proceso constituyente a partir de conectar dos concepciones: la federalista y la independentista que “no son incompatibles, sino complementarias y compatibles.” Una afirmación sorprendente pues el objetivo del federalismo es agrupar a pueblos y naciones en un marco estatal común, mientras que el independentismo pretende, por el contrario, separar a los pueblos y naciones que conviven en un mismo Estado.

El líder de EUiA justifica su malabarismo teórico invocando el referente histórico de Pi i Margall y criticando la apropiación del ideario federal por parte del PSOE. Así quiere “volver a la idea original del federalismo, donde las ideas autodeterministas y la capacidad de los pueblos y las personas a decidir libremente estaban bien presentes”. Aquí Nuet demuestra o bien un profundo desconocimiento del pensamiento de Pi i Margall o una manipulación de sus ideas para, como en el lecho de Procusto, acomodarlo a sus objetivos políticos. En primer lugar, en los textos de Pi i Margall, no aparece nunca el término autodeterminación, sencillamente porque este concepto no se forjó hasta después de su muerte, en las primeras décadas del siglo XX con las tesis de los austromarxistas y sobre todo después de la Primera Guerra Mundial.

En segundo lugar, Pi y Margall siempre se mostró contrario a la separación de los pueblos y naciones que conforman España. Como muestra una de las muchas citas que podríamos sacar a colación y extraída de su principal obra teórica Las Nacionalidades:

“Los pueblos han de constituir las provincias y las provincias la nación: este es el sistema. Pero ¿sabéis adónde nos lleváis por este camino?, se exclama aterrorizado. Nos lleváis a la disgregación y disolución de la patria. ¡Temor injusto, si no ya fingido! La nación está vigorosamente afirmada en el pensamiento y el corazón de todos los españoles. En este mismo siglo se han presentado, como hemos visto, ocasiones para que la nación se hiciera pedazos. Las provincias, y esto es más, han llegado a declararse independientes. Les ha faltado después tiempo para reorganizar un poder central que personificara la nación y la sostuviera durante la crisis. Han manifestado siempre tanto ardor para mantener la unidad nacional como para recuperar su propia autonomía (…) Si las naciones no tuviesen otra fuerza de cohesión que la política, después de los graves sacudimientos que han pasado sólo en lo que va de siglo, estarían ya todas deshechas. Subsiste porque la sujetan vínculos cien veces más fuertes: la comunidad de la historia y sentimientos, las relaciones civiles y los intereses económicos. Por fortuna, la política apenas hace más que agitar la superficie de las sociedades”.

La confusión teórica se extiende a épocas más recientes cuando sostiene que “el federalismo, el republicanismo y el catalanismo popular eran tres ideas compartidas por parte de la ciudadanía y partidos políticos, y que después de la Transición siguieron caminos diferentes”. Según Nuet “el federalismo autodeterminista, el nacionalismo y el independentismo de izquierdas se pueden dar la mano” para combatir “la hegemonía del nacionalismo conservador” y sustituirlo por “la hegemonía del catalanismo popular”.

Ahora bien, como ha mostrado un autor tan poco sospechoso de españolismo como Joan-Luís Marfany en su obra La cultura del catalanisme, este catalanismo popular es una entelequia, al menos en sus orígenes.

“Aquí ya no estamos hablando de divergencias metodológicas, ni de discrepancias de interpretación, sino de manipulación ideológica, en algún caso por encima de una base factual prácticamente inexistente. Era preciso, pues, demostrar enfáticamente, examinando uno por uno todos los argumentos aducidos por estos historiadores –y los que podían haber aducido si los conociesen–, que por lo que respecta a la ‘cuestión social’ el catalanismo es todo él, sin excepciones, de un conservadurismo de piedra picada y que el izquierdismo del catalanismo de izquierdas es un izquierdismo esencialmente formal, retórico y siempre a punto de pedir perdón por su existencia (…) Yo no tengo la culpa que estos historiadores se hayan inventado este fantasma del catalanismo popular, izquierdista y obrerista, y lo hayan inflado tan monstruosamente”.

La alternativa federal

El movimiento obrero catalán siempre se ha mostrado hostil al nacionalismo burgués y pequeñoburgués. Lo fue antes de la guerra civil, bajo la hegemonía de la CNT y cuando la emigración procedente del resto de España era minoritaria entre la clase obrera catalana, como lo fue después de la Dictadura cuando el grueso de la clase trabajadora venía de la inmigración del resto de España.

No debe confundirse el apoyo de los trabajadores a las justas reivindicadores democráticas a la autonomía de Catalunya, tanto en la etapa republicana como en la época de hegemonía del PSUC, con la entelequia del “catalanismo popular”; en realidad, una respuesta de historiadores como Josep Termes o Albert Balcells a las tesis de Jordi Solé Tura sobre el origen conservador del catalanismo. De hecho, durante el periodo autonomista, la clase trabajadora dio su apoyo al PSC-PSOE y ahora bascula, como se ha visto en las últimas convocatorias electorales, entre Ciutadans y En Comú Podem. La primera una fuerza radicalmente anticatalanista y la segunda una formación cuyo atractivo en el terreno nacional radica plantear un referéndum de autodeterminación, pero para continuar dentro de España. 

Los planteamientos de Nuet y por extensión de las plataformas arriba citadas, vuelven a repetir los errores del llamado catalanismo de izquierdas, ahora denominado de izquierda soberanista. Unas tesis que han derivado en su subordinación a los postulados del nacionalismo, ahora independentismo, pequeñoburgués representado por ERC y CUP y que resultan contradictorios con las inquietudes sociales y sentimientos identitarios de su base social.

La izquierda catalana, en vez de subordinarse a la hoja de ruta soberanista, debería oponerse firmemente al proyecto secesionista y plantear una alternativa que, en la tradición de Pi i Margall, pasa por la reivindicación por la República Federal como el marco de convivencia para los pueblos y naciones que conforman el Estado español.