• Están obligados ética y políticamente a llegar a un acuerdo porque su presencia es condición necesaria para expulsar al PP del Gobierno

Estamos ante una oportunidad histórica. Gracias al acuerdo –que no exigen necesariamente formar parte del Gobierno- del PSOE, Podemos, IU, Compromís y otras fuerzas progresistas podría constituirse un Gobierno mayoritario de izquierdas. Lo han votado y hasta exigido más de once millones de ciudadanos. Podemos debe asumir que sus 65 diputados solo pueden complementar la mayoría socialista.

Ya sabemos de los antecedentes negativos del PSOE (como la reforma del artículo 135 de la Constitución) pero también de sus políticas avanzadas en materia de derechos civiles. En cualquier caso es el partido necesario para el Gobierno que necesitan los ciudadanos, especialmente los más desfavorecidos, y el conjunto de la sociedad española.

Su presencia es condición necesaria para expulsar al PP del Gobierno y, por tanto, Podemos está obligado ética y políticamente a apoyarlo, dentro o fuera del Gobierno con las exigencias que resultan justificadas pero cediendo en lo necesario para garantiza la viabilidad real de una política progresista y de izquierdas. Es posible que Podemos constituya la arista más radical de ese Gobierno, pero ello obliga a estar en él o a apoyarlo.

Avanzar hacia ese objetivo solo puede hacerse sumando fuerzas. La reforma constitucional, para un modelo de estado federal, la lucha contra el paro y la precariedad laboral, garantizar eficazmente los derechos sociales como derechos fundamentales, la lucha eficaz contra la corrupción, la reforma del sistema electoral y tantas otras medidas de renovación democrática no pueden ser, no lo son, patrimonio de una sola fuerza política.

Por tanto, Podemos debe atenerse a su fuerza electoral y asumir que la proclama de su programa de “tomar las riendas del Gobierno de nuestro país” debe ajustarse a la realidad de los resultados electorales. 

Como es obvio, no comparto en absoluto las feroces críticas de que son objeto. Pero deben superar el tono, entre arrogante y desafiante, con que están afrontando el proceso de investidura. ¿O es que creen que pueden abordar solos, como plantea su programa, una inversión en gasto público en la próxima legislatura de 134 mil millones de euros. Evidentemente no. Como tampoco podrían afrontar solos la concreción de las 388 propuestas de reformas constitucionales, legales y económicas de su Programa.

Acaba de publicarse en Francia la obra del escritor Christophe Barret ‘Podemos, pour une autre Europe’, que analiza el proceso de creación de Podemos a partir del 15M. Lo hace desde el análisis crítico por Podemos, a mi juicio erróneo, del “régimen del 78”. Y añade que a lo largo de 2015, “las elecciones municipales y regionales de la primavera muestran que Podemos, lejos de ser un partido hegemónico, es un partido más” en el tablero político español.

Pero, además, no oculta que en Podemos está presente un fortísimo protagonismo (”no hay política sin ‘líder’”) que se traduce en un “movimiento jerarquizado” y un “populismo de izquierdas”. Valoraciones que no impiden a su autor reconocer los indiscutibles valores de una formación que ha sabido “convertir la indignación en cambio político”. Pero, superada la llamada por los dirigentes de Podemos a la “transversalidad” o “centralidad”, ahora corresponde integrarse en un frente de izquierdas.

Si no lo hicieran y provocaran futuras elecciones, Podemos no solo habrá perdido su credibilidad política, como “partido del cambio”, sino que también será gravemente responsable de la continuidad de la crisis en la que estamos sumidos y del más que posible futuro fracaso electoral de la izquierda. Espero y deseo que no haya que llegar a estas fatales consecuencias, por el bien de los ciudadanos que claman por una renovación democrática y una solución real de sus problemas económicos y sociales.