• El pacto en Girona y la entrevista Junqueras-Guindos rompe el relato frentista

El martes el ‘president’ Puigdemont, Artur Mas y Oriol Junqueras presentaron en un beatífico acto la reedición de un libro del primero. Pero el mismo día ocurrieron dos hechos que indican que la pintura de una Catalunya en blanco y negro -patriotas contra colonizadores, o insurgentes asilvestrados contra defensores del  Estado de Derecho- no es ya sólo una tosca exageración sino una ficción que genera equívocos y daños en múltiples direcciones.

El primer sopapo al dogma vino de Girona, ciudad a la que el ‘agit-prop’ independentista califica de modélica. Allí Junts pel Sí y las CUP tuvieron el 27-S nada menos que un 62% de los votos (14 puntos por encima de la media catalana). Allí 18 concejales sobre 25 son independentistas (10 de CDC, cuatro de ERC y cuatro de la CUP). El actual presidente de la Generalitat era hasta enero el alcalde y al mismo tiempo el presidente de la AMI (Asociacion de Municipios por la Independencia). Pues bien, a los 40 días de ser elegido, Albert Ballesta, el nuevo alcalde que había ido de número 19 en la lista de CiU y cuya selección por Puigdemont forzó la renuncia de nueve miembros de esa lista mejor colocados, dimitió por la metafísica imposibilidad de pactar con ERC con la que ha tenido varias e indignas trifulcas y a la que acusó de “innoble” y populista.

Acto seguido anunció que un pacto de gobierno con el PSC (cuatro concejales) garantizaba la mayoría absoluta y la estabilidad de la ciudad.

Cuando el relato oficialista proclama que sólo faltan 16 meses para la creación del nuevo Estado catalán bajo la sabia y responsable dirección de Junts pel Sí, resulta que la coalición de CDC y ERC es incapaz no ya de plantar cara a Madrid, o a Bruselas, sino de mandar en Girona. Y no es solo una pelea local pues el pacto ha tenido como comadronas al presidente de la Generalitat y al primer secretario del PSC.

A 16 meses de la independencia

la ‘sociovergència’ gobernará en Girona

Para Miquel Iceta, que ha soportado las altivas lecciones del ‘agit-prop’ convergente y de disidentes de su partido como Joaquim Nadal y Marina Geli que le acusaban al unísono de “botifler”, debe de ser agradable pasar a ser considerado el ancla de la centralidad mientras sus jaleados disidentes, que algunos fueron a las municipales junto a ERC, se quedan en la “innoble” oposición. Para Puigdemont, el PSC debe de ser ahora el mal menor. Sólo en Girona, no generalicemos.

La víctima del otro desmentido del blanco y negro fue Xavier García Albiol, el líder del PPC, que lamentó la “trampa independentista” en la que había caído el ministro Luis de Guindosal reunirse en el aeropuerto de El Prat -donde hizo aterrizar su Falcon en el viaje de vuelta de Bruselas a Madrid- con Oriol Junqueras, ‘conseller’ de Economia y presidente de ERC.

García Albiol no entiende que diga lo que diga la propaganda del PP y de ERC -que votaron revueltos contra el Estatut del 2006- la Generalitat es un órgano del Estado. Y que si la primera agencia de calificación del mundo, Standard and Poor’s, degrada aún más el ‘rating’ de bono basura de la deuda catalana, el Reino de España recibe la patada en la espinilla.

Junqueras, realista antes que fraile, intuye que el agravamiento de la calificación de bono basura perjudica a Catalunya. Y Guindos, un ministro competente y bastante dialogante, sabe que la bancarrota catalana no le interesa a España. Por eso un inteligente columnista -no de ‘El Punt-Avui’ de Girona sino de ‘El Mundo’ de Madrid- decía este miércole  que García Albiol encarna “la facción cerril del PP”. No decía quién lo puso.

No, la Catalunya en blanco y negro, o de buenos y malos, es afortunadamente solo una mala y larga serie de ficción. Aunque a veces se confunde con la realidad.