La reunión del miércoles 30 se ha hecho esperar demasiado. Sin agotar más tiempo en reproches, PSOE y Podemos deben ser conscientes de lo que se juega este país plurinacional y de la esperanza que han puesto millones de personas afectadas por las crisis en que las cosas empiecen a cambiar. Tendrán que reconocer la verdad política que limita la dimensión de su imprescindible colaboración histórica para impedir que las políticas antisociales y el inmovilismo acampen en La Moncloa.

No será tarea fácil pero su obligación es llegar a un entendimiento básico para que, a modo de tuits, nos anuncien:

1- “Vamos a hacer posible la regeneración democrática plena, lo que exige situar al PP en la oposición”. Tienen que aprovechar la oportunidad porque ambos saben que no se iniciará un tiempo de transformaciones ni se llevaría a efecto un programa de actuaciones radical con otro gobierno de Rajoy o de quien le sustituya. Es muy posible que unas elecciones anticipadas reforzasen la suma de voto de las derechas con lo cual la regeneración del sistema, el cambio en la designación de los órganos reguladores que garanticen la división de poderes y el combate contra la corrupción no se abordarían con fuerza ni credibilidad.

2- “Incorporamos mejoras y concreciones al acuerdo suscrito entre el PSOE y C’s”. Se ha dicho que ese acuerdo está abierto a incorporar objetivos creíbles y cubrir lagunas, siendo deseable que Pedro Sánchez disponga, por el consentimiento de Albert Rivera, de un margen suficiente en política laboral, entre otras, para dar satisfacciones a Podemos e IU. Aunque no se alcancen todas las demandas que estos desearían pero sí la nueva reforma exprés del135 de la CE. Porque no se trata de hacer una enmienda de totalidad al programa transversal ya pactado ni tampoco de pedir a otras izquierdas la simple adhesión y el voto sin más a un texto que conlleva cesiones por el PSOE.

3- “Reconocemos que el inicio de un nuevo ciclo político (proceso constituyente para otros) requiere un entendimiento transversal entre partidos”. No sería inteligente tirar por la borda el esfuerzo que han realizado el PSOE y C’s, imprescindible para romper la derecha y abordar con un consenso suficiente una reforma sostenible de leyes sectoriales básicas para la recuperación de los derechos sociales e intentar sentar siquiera las bases de una reforma constitucional consensuada. Todo ello sometido al protagonismo de un Parlamento reformado.

4- “Pactamos el apoyo parlamentario a un gobierno acotado en su composición, en sus objetivos prioritarios y duración”. Es un compromiso ineludible del PSOE hacia Podemos, que conlleva reconocer la modalidad de un ‘Gobierno Parlamentario’ que contaría con una comisión plural de seguimiento. Un gobierno que aportaría otra voz en Europa frente a los mercados financieros y las medidas neoliberales de austeridad, que rendiría cuentas cada año e incorporaría en la gestión de Ministerios de relevancia a independientes pactados con Podemos y C’s.

5- “No seremos socios de gobierno pero vamos a colaborar con generosidad por el bien del país”. Convendrán que aún no se dan las condiciones suficientes de empatía, confianza y la correlación general de fuerzas que son necesarias para formar un gobierno de coalición de la izquierda. Esta realidad solo se remedia iniciando procesos de colaboración efectiva entre el PSOE y Podemos a nivel de Ayuntamientos y Gobiernos Autonómicos. Así ha sucedido siempre. Forzar las cosas sin procesos previos de convivencia es engañarse porque los rechazos mutuos y los condicionantes que ambas partes han ido planteando desde el 20D hacían presagiar la formación de dos gobiernos en uno. Algo destinado al fracaso porque saltaría por los aires.

¿Qué obtendría Pablo Iglesias? Evitar un riesgo cierto en unas anticipadas, liderar la oposición teniendo al gobierno bien amarrado y capitalizar su generosidad para hacer realidad el inicio de la segunda transición. Albert Rivera ampliaría su espacio político de centro-derecha con grandes probabilidades de ocupar el papel de un PP en crisis. ¿Y Pedro Sánchez? Además de presidir un gobierno y consolidar su autoridad ante los dirigentes socialistas territoriales, tendría la gran oportunidad de recuperar para el PSOE su identidad socialdemócrata si logra sortear las dificultades de una gestión de gobierno que la troica intentará condicionar y sometida a un control exhaustivo del Congreso.