Terminada la primera fase de la guerra de las investiduras, conviene entrar en la segunda con el ánimo más abierto y más firme propósito de encontrar una solución rápidamente para no agotar los dos meses y, sobre todo, para evitar las elecciones en junio.

Lo primero es despejar la cuestión del Rey. Patxi López va a verlo el lunes supongo que a comunicarle que sigue sin haber presidente del gobierno, como si no se hubiera enterado. Lo mejor es que el Rey desista de nombrar a nadie de momento y deje que los políticos inicien las rondas de contactos que quieran. Si acaban teniendo un candidato, ya se lo comunicarán.

La negociación para la formación de un gobierno de izquierda arranca con un pie forzado nuevo: PSOE y C’s irán a todas las mesas de negociación juntos, como las parejas de la Guardia Civil. Quieren dar mayor sensación de coordinación y tándem y trasmitir más confianza el uno en el otro. Se recordará a Rivera diciendo muy serio hace un par de semanas que, si fracasaba la investidura, se replantearía el pacto PSOE-C’s y C’s retiraría su apoyo a Sánchez. El citado pacto ha sido robustecido y por supuesto que C’s sigue apoyando un gobierno de Sánchez. Está bien que Rivera se haya comido sus palabras anteriores. Si los políticos fueran presa de sus afirmaciones o negaciones y estuvieran obligados a atenerse a ellas, a lo mejor el mundo sería más justo pero también más aburrido.

Así como Rivera ha cedido y ha cedido Sánchez, ¿por qué no va a hacerlo Iglesias? Podemos lleva semanas exigiendo al PSOE que rompa con C’s si quiere negociar con ellos, una doctrina Hallstein tan absurda como ella. ¿Por qué el PSOE no va a sentarse a negociar con C’s? Los izquierdistas suelen argumentar que este partido es la marca blanca del PP y que es el PP con otras formas o un PP en diferido. Es posible pero, al decir que es como o parecido al PP, ya se está diciendo que no es igual, que no es el mismo PP, con el cual el PSOE también se ha negado a negociar.

En este asunto de las investiduras y las negociaciones conviene que los españoles aprendan de los catalanes que los han pasado hace un par de meses y tienen cosas que enseñar. La primera de todas que CiU, la ahora inexistente federación, con la que han pactado ERC, que no es menos de izquierda que el PSOE y ls CUP, que no son menos de izquierda que Podemos es la derecha catalana, tan derecha como la española. Se dirá que CiU, ahora solo Convèrgencia, no puede compararse del todo con el PP. Es verdad, Convèrgencia es una derecha europea, civilizada, demócrata, mientras que el PP es derecha nacionalcatólica y oligárquica española, mucho más bronca y bruta. Pero en lo que hace a recortes neoliberales, restricciones, compadreo de capitalismo de amiguetes los dos son similares. Y si las CUP pueden pactar con Convèrgencia, ¿por qué no puede pactar Podemos con C’s que no son el PP?

El mantenimiento del pacto es un acierto y más lo será si los firmantes está de acuerdo en abrirlo a una negociación con Podemos, de forma que este pueda marcar su impronta en el texto y no se limite a firmar lo que le ponen delante, que es el trágala que quisieron hacer C’s y PSOE. Es el mecanismo más rápido para resolver el asunto también en un plazo brevísimo. Si Podemos firma ya el acuerdo para investir a Sánchez, la primera consecuencia será de universal aplauso: nos habremos librado del presidente de los sobresueldos y la banda de presuntos ladrones por una temporada. Lo cual no es moco de pavo. La segunda es también esencial: echaría a andar de inmediato un gobierno del cambio que atendería a sus tareas más urgentes con la correspondiente premura a base de poner en marcha la legislación de emergencia más necesaria.

También hay razones en contra de este tripartito siendo la más importante de todas el referéndum catalán. La cerrada oposición de C’s y PSOE en este asunto hace sospechar que lo convertirán en casus belli. Así, cuando se escucha decir a Sánchez que “es imposible entenderse en asuntos como el referéndum para romper la integridad territorial de España” parece claro que no habrá acuerdo. Pero eso tampoco debe entenderse en forma absoluta.

Por mucha tirria que el PSOE y C’s le tengan a la idea de un referéndum catalán, habrán de reconocer que el proceso independentista plantea una situación de excepcional gravedad para la supervivencia de España. Tanta que hace recomendable no aferrarse a negaciones abolutas ni a maximalismos estériles. Si la respuesta es que “no” al referéndum, ¿a qué estarán dispuestos a decir sí? Si la opción de que la ciudadanía decida no es de su agrado, ¿qué proponen en concreto?

Por lo demás, si las discrepancias de las tres formaciones residen en el referéndum, habiendo acuerdo en todo o casi todo lo demás, no se ve por qué no habrá un pacto teniendo el cuidado de dejar fuera de él la cuestión del referéndum. Cada una de las partes debe respetar el criterio de la otra y su derecho a seguir propugnando su punto de vista. Podemos deberá aceptar que el PSOE y C’s no quieran saber nada del referéndum y estos que Podemos siga propugnándolo. Carece de sentido obligarlo a renunciar a él, como si esto fuera un auto de fe.

De este modo, Podemos no podrá poner en marcha el referéndum pero es obvio que tampoco podría hacerlo si no llegara a un acuerdo tripartito que es, al menos desde el punto de vista de Palinuro y en las circunstancias actuales, lo más práctico. Y lo llamo “tripartito” por uso habitual, pero había que contar también con los dos diputados de IU.

En cuanto al fondo de la cuestión catalana, cada vez es más evidente que, digan lo que digan en el PSOE y en C’s el referéndum acabará siendo inevitable porque lo impondrá la Unión Europea. Así que, entre tanto, más vale un gobierno de centro izquierda que otro de gran coalición.