La velocidad con que se mueven es imperceptible, comparable solo a la del crecimiento de las uñas. Son desplazamientos lentos y cuando interaccionan provocan deformaciones. Algunos de estos choques han acabado dando lugar a cordilleras y a su vez a grandes sistemas de fallas. Sí, es una teoría geológica que puede ampliarse gracias a la wikipedia -los conocimientos de una no dan para abrir un debate sobre litosferas y cortezas- pero que sirve como métafora para explicar qué está pasando en el tablero catalán. Así, si se observa el desplazamiento que están protagonizando las diferentes fuerzas se comprueba que en el soberanismo existen movimientos de fondo interesantes.

CDC recupera sus siglas para el 26-J porque se demostró que la marca Democràcia i Lliberat fracasó pero también lo hace como reivindicación de un orgullo de marca. “Hubo gente que en las últimas generales votó a Unió creyendo que éramos nosotros”, reconocen en la sede de CDC. Pues menos mal, pensará Josep Antoni Duran Lleida para sus adentros, viendo el fracaso que cosecharon los democristianos en solitario.

En Esquerra, animados por las buenas perspectivas electorales, consideran que una cosa es compartir mesa los martes en el Consell Executiu y otra es no disponer de una estrategia propia. Escuchándoles -sobre todo en privado- parece que en el Ejecutivo conviven dos hojas de ruta. La de Carles Puigdemont pasa por no desobedecer y sustituir las normas que el Estado tumbe por otras nuevas. La de Oriol Junqueras, más allá de la cortesía institucional exhibida en su visita a la Moncloa, da por hecho que en algún momento habrá que empezar a desacatar. Tampoco están de acuerdo en cómo debe abordarse la gestión tributaria. La placa republicana se acerca a la de la CUP mientras que la de CDC se intenta alejar tanto como puede. La andanada de Francesc Homs contra los cuperos no fue gratuita.

Por fricción con ERC y sobre todo con la placa socialista va configurándose una gran cadena en cuyo centro hay que situar al ‘colauismo’. Otras placas, las secundarias, con desigual éxito y más de un problema de convivencia (desde los lios en Catalunya Sí que es Pot a los de Podem) buscan articular una alternativa de izquierdas real y ya se verá si realista. El PSC asume que la partida está perdida, que su espacio nunca será el que fue y opta por colocarse bajo este paraguas cuando le conviene. Dónde pueda combatir al podemismo, lo hará. Y si no, se alineará con él. Sirva de ejemplo el ayuntamiento de Barcelona. 

Finalmente, Ciudadanos y PP siguen siendo placas transformantes, que son aquellas que van deslizándose juntas, pese a que en este caso más de una vez pueden converger (en argot geológico puede ser sinónimo de chocar). Sus movimientos no son autónomos y dependerán de la actividad que se registre en Madrid tras el 26-J.