La demanda escocesa de celebrar un segundo referéndum de independencia es, ante todo, un desafío político al gobierno británico, pero también plantea preguntas incómodas, para el Gobierno español, por el interés de los nacionalistas catalanes de utilizar el Referéndum escocés, como arma arrojadiza contra lo que llaman la intransigencia de Madrid y como ejemplo de lo que se debe hacer en lo que ellos llaman una democracia madura .

En la ofensiva en la que se encuentra el gobierno catalán de internacionalizar como sea el “proceso” y aprovechar la inhabilitación del ex Presidente Mas, la ex vicepresidenta Joana Ortega y la ex consejera de Educación Irene Rigau , para acusar al Gobierno español de que esas inhabilitaciones se han producido porque no se respeta la libertad de expresión , cuando en realidad , la sentencia se produce por desobediencia al Tribunal Constitucional, la máxima autoridad judicial del país, en esa ofensiva , este Martes, se ha reunido en el Parlamento británico un grupo de trabajo sobre Cataluña en el que ha intervenido el conceller de Exteriores Raúl Romeva para dar la señal de alarma de que la ”separacion de poderes en España está en riesgo”.

Como ocurrió en 2014 en el primer Referéndum escoces, los nacionalistas catalanes intentan poner como ejemplo el caso escocés que se ha puesto de plena actualidad con el audaz paso que la primera ministra de Escocia Nicola Sturgeon ha dado al amenazar con reabrir la convocatoria de , un segundo Referéndum en 2018, un dilema diplomático que el gobierno español pensaba que estaba ya enterrado y olvidado. “Si el segundo referéndum lleva a una ruptura del Reino Unido,- señala hoy Financial Times– una nueva e independiente Escocia podría solicitar permanecer dentro de la UE (o unirse inmediatamente a ella). Para ello necesitaría el apoyo de todos los restantes Estados miembros, incluyendo a España”.

Hace tiempo que Madrid, que se enfrenta a su propio desafío independentista se ha propuesto desalentar los movimientos secesionistas, ya sean en el Reino Unido o en los Balcanes. En el periodo previo al referéndum escocés de 2014, se exhortó reiteradamente al gobierno de Mariano Rajoy a dejar clara su postura. En algunos entornos, el veto español a la pertenencia de Escocia a la UE se consideraba prácticamente un hecho. Hoy se vuelven a oír las mismas opiniones.

En realidad, Rajoy hizo un gran esfuerzo por no adoptar una posición clara en 2014. En parte, esta actitud refleja la naturaleza cauta del primer ministro español: tanto en asuntos internos como internacionales, solo adopta una posición cuando se ve obligado a ello. A Rajoy , opina FT , le gusta despistar a sus rivales y mantener sus opciones abiertas. En caso de un segundo referéndum escocés, no habría necesidad de que Madrid dejase clara su postura hasta que el referéndum se haya producido efectivamente y , además, resulte en una mayoría a favor de la independencia.
Los dirigentes políticos españoles siempre han procurado subrayar las diferencias legales e históricas entre el caso escocés y el catalán. Argumentan que la Constitución española habla de ” indisoluble unidad de la nación española” , y que no existe ninguna cláusula de este tipo en el Reino Unido.Por otra parte , el objetivo general de Madrid en política exterior es la fuerza y unidad de la UE. En el contexto del referéndum de 2014, no ayudar a Escocia iba en la línea de la política general de la UE y significaba ayudar a un aliado cercano de la UE. Sin embargo, estos incentivos no existirían en 2018.

“España ha sido, es, y siempre será, -señala el periódico británico- muy susceptible con los movimientos secesionistas. Pero sería un error asumir que Madrid vetará inevitablemente la pertenencia de Escocia a la UE. Como siempre, Rajoy cruzará ese puente cuando llegue a él, y cruzará los dedos para no llegar nunca”.