• Un estudio refleja que una parte sustancial del independentismo aceptaría soluciones que no exijan la ruptura con España

Sólo un 58% de los catalanes que están a favor del proceso soberanista piensan que “la mejor solución territorial para Catalunya es su independencia del Estado Español”. Esta es una de las principales conclusiones que aparecen en el libro Catalunya en proceso (Tirant lo Blanch, 2017), una obra en la que participan una veintena de especialistas de universidades de Santiago de Compostela, Granada, Valencia y Barcelona, y que se basa en un sondeo específico, posterior a las elecciones autonómicas del 2015. De hecho, según el estudio, “un modelo federal satisfaría al 23,6% de estos catalanes que están a favor del proceso de independencia”, mientras que “otro 15,1% (de ellos) aspiran a un modelo autonómico con más competencias o con un estatus fiscal equiparable al del País Vasco o Navarra” (ver gráficos adjuntos).

“Dicho de otro modo, casi el 40% de los catalanes que declaran estar a favor del proceso de independencia aspiran a una solución territorial que encaja en el concepto de federalismo adaptativo: plurinacional, no cooperativo, no centralizado y no simétrico”. Esta conclusión coincide con las que se desprenden de otros estudios posteriores, aunque añade una novedosa clave explicativa: la heterogénea solidez del sentimiento independentista en función de su antigüedad.

Sólo un 58% de los catalanes que están a favor del proceso soberanista piensan que “la mejor solución territorial para Catalunya es su independencia del Estado Español, según el libro ‘Catalunya en proceso’ 

Paralelamente, entre quienes están en contra de la independencia se registra una pluralidad de opciones que permiten vislumbrar un espacio de encuentro para construir una salida al conflicto catalán. Así, entre los contrarios a la secesión sólo un 5,4% apuesta por un Estado centralizado, y únicamente el 35,6% por la continuidad del statu quo. Sin embargo, un 26,2% optaría por un Estado federal y casi un 16% por un Estado autonómico con mayor nivel de competencias para Catalunya (a lo que habría que añadir un 11,4% que se inclinaría por un estatus fiscal como el de Euskadi).

A partir de ahí, el estudio concluye que “los ciudadanos de Catalunya tienen opciones alternativas, diferentes y plurales a la hora de afrontar el conflicto territorial” y “esas diferencias existen también entre los que están a favor del proceso independentista”. Es más, “en la ciudadanía hay una pluralidad mayor que las opciones dominantes que están ofertando los políticos, y una complejidad mayor de la que es capaz de abarcar y canalizar la competición política polarizada”.

Entre los factores que explican las diferencias dentro del colectivo independentista aparece como más destacado “la antigüedad del sentimiento separatista”, una “variable clave para entender su interpretación de este sentimiento”. Es decir, “el tiempo desde el que se sienten independentistas los ciudadanos catalanes” da pie a dos tipos de actitudes: un independentismo “esencial” (más intransigente) y un independentismo “estratégico” (más pragmático y abierto al diálogo). “La diferencia es tan extrema que mientras el 78,5% de los independentistas tradicionales aspiran efectivamente a la solución separatista, en el caso de los nuevos independentistas (los que lo son desde hace un año), ese porcentaje se reduce únicamente al 13%”.

Paralelamente, entre quienes están en contra de la independencia se registra una pluralidad de opciones que permiten vislumbrar un espacio de encuentro para construir una salida al conflicto catalán

 De acuerdo con los datos del sondeo, “apenas un 20% de catalanes independentistas tradicionales aspiran a una solución territorial que suponga permanecer dentro del Estado español”. Sin embargo, esa cifra se acerca al 40% entre quienes “se reconocen independentistas desde hace más de cinco años; sube a un 45% para los que son independentistas desde hace solo cinco años, y se eleva a más de un 70% para los que lo son desde hace tres y alcanza a casi un 80% para los que lo son desde hace solo un año”.

Esta heterogeneidad en la defensa de las soluciones territoriales se aprecia también entre el electorado de los distintos partidos. Así, por ejemplo, entre los votantes de Junts pel Sí o la CUP, más de un 35% acepta soluciones alternativas a la estricta separación de España. Y a la inversa, entre los votantes de Ciudadanos –un partido que abandera la uniformidad autonómica– sólo un 10% aspira al retorno a un Estado centralizado, mientras que más del 46% apuesta por un Estado federal, más autogobierno o un estatus fiscal equiparable al del País Vasco.

En definitiva, del estudio se derivan dos conclusiones trascendentales. La primera reside en la “insatisfacción que han producido los resultados de las últimas elecciones autonómicas en los catalanes de uno u otro signo político”. Y la segunda indica que “la idea dominante no es que el proceso soberanista va a construir finalmente un nou Estat, sino que va a modificar de manera sensible la relación entre España y Catalunya”. A partir de ahí, el estudio deja sobre la mesa una advertencia operativa dirigida a los partidos: sus ofertas políticas no cubren la pluralidad de preferencias que muestran los ciudadanos para resolver el conflicto. Y esa circunstancia dificulta, sin duda, la posibilidad de una salida negociada, una tercera vía, que satisfaga simultáneamente a amplios sectores de partidarios y de contrarios a la independencia.

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