El señor Puigdemont, el señor Puigdemont, el señor Puigdemont, el señor Puigdemont. De las cinco ocasiones en las que el comunicado con el que Soraya Sáenz de Santamaría invitaba al presidente de la Generalitat a defender el referéndum en las Cortes sólo una hacía referencia a su cargo. Y es que ni una palabra de la oferta era aleatoria. Lo que busca el Gobierno central es revertir el relato soberanista.

Así, el “señor Puigdemont” y su vicepresidente no son quienes harán la enésima oferta de diálogo en una conferencia en Madrid, sino quienes se niegan a aceptar las reglas del juego democrático y seguir “los cauces legalmente previstos”. Los recursos y querellas criminales se convirtieron ayer en cordial “invitación” y “colaboración del Gobierno” para facilitar un debate “en el sitio idóneo” y “a la mayor celeridad”. La oferta hace referencia a las Cortes Generales y no es nueva. Puigdemont solicitó una sala en el Senado para pronunciar una conferencia y se le respondió desde la Mesa de la Cámara Alta que pidiera cita en la comisión general de las autonomías. La respuesta fue no. Ahora el Gobierno retoma el hilo de la mano de PSOE, PSC y Ciudadanos, dispuestos a “facilitar al máximo” el debate de “cualquier propuesta”, mientras el PP protestaba porque el Ayuntamiento de Madrid “cobija al independentismo”. 

Puigdemont sólo acepta ir al Congreso si existe un pacto previo y Rajoy no puede aceptar negociar sobre la soberanía española. Así que, junto al no al referéndum del Gobierno, la desobediencia catalana está servida desde hace meses. Sin renuncia no hay salida.

Lo que se sortea ahora es el papel del malo y el guión que ofrece por ahora la Moncloa es un remake del plan Ibarretxe que en el Palau de la Generalitat no están dispuestos a interpretar. En febrero del 2005, el lehendakari defendió en el Congreso una reforma del Estatuto vasco con Rajoy abanderando el no desde la oposición. “El futuro nos pertenece y lo escribiremos nosotros. Ustedes no van a sustituir la voluntad del pueblo vasco”, avisó Ibarretxe. El futuro fueron unas elecciones, una ley para una consulta que anuló el Constitucional y nuevas elecciones. Pérdida del gobierno para el PNV y adiós de Ibarretxe.

El día en que empezaban los problemas del lehendakari en el Congreso –también con su partido– arrancaba el otro culebrón catalán. Hacía una semana que se había hundido el túnel del metro del Carmel y la acusación de Pasqual Maragall a CDC sobre el cobro de comisiones estaba al caer…