• En Cataluña no hay espacio periodístico para nada que no tenga relación con el tan traído y llevado “proceso de transición nacional”

En Cataluña llevamos ya algunos años sin serpientes de verano, que en lenguaje periodístico eran aquellas informaciones banales, a veces incluso simples bulos inconsistentes, que algunos medios utilizaban para llenar algunas de sus páginas ante la ausencia de informaciones de verdad.

El famoso y jamás hallado monstruo del lago Ness solía aparecer, verano tras verano, como una de las más socorridas y recurrentes serpientes de verano. Ahora, y desde hace ya varios veranos, en Cataluña no hay espacio periodístico para nada que no tenga relación con el tan traído y llevado “proceso de transición nacional”, es decir al movimiento secesionista catalán auspiciado por el entonces aún presidente de la Generalitat Artur Mas y liderado estos últimos años por su sucesor, Carles Puigdemont, con el concurso de Junts pel Sí (JxS), la coalición parlamentaria formada por ERC, lo muy poco que queda de CDC conocida ahora con el nombre de PDeCat, varios escindidos de la ya extinta UDC y también del PSC, y algún que otro independiente.

Pero JXS tiene un socio externo que se está convirtiendo en una nueva serpiente de verano. O, en expresión mucho más atinada, en algo así como el perejil de todas las salsas. Se trata de la CUP. Esta formación radical, que se reclama de extrema izquierda, anticapitalista, antisistémica, antieuropeísta, antipatriarcal y muchos antis más, es la muleta que mantiene en el Gobierno de la Generalitat a JXS, con Carles Puigdemont como presidente, tras haber obligado a dimitir a Artur Mas y que, a pesar de todo su aparente radicalismo izquierdista, dio sus votos para la aprobación de los Presupuestos del Gobierno de Puigdemont, que obviamente no tienen nada de izquierdistas.

La CUP se ha convertido este verano en una serpiente peligrosa. Sus provocaciones públicas se suceden e intensifican a medida que pasan las semanas y nos vamos acercando a la fecha del 1 de octubre. No son solo provocaciones verbales para escandalizar al personal, como las propuestas de demolición del monumento a Colón en la Rambla y de expropiación de la catedral barcelonesa para convertirla en una escuela de artes escénicas y un economato de productos de primera necesidad.

Ahora, por desgracia, las provocaciones de la CUP van a más, de la mano sobre todo de su sección juvenil, Arran, que públicamente se ha reivindicado como autora, entre otras, de acciones de auténtica “kale borroka” como el ataque contra un bus turístico pintarrajeado y al que le pincharon las ruedas tras obligar a sus atónitos pasajeros a abandonarlo, o a otro ataque, en este caso contra el servicio público municipal de alquiler de bicicletas, también con pinchazos a las ruedas de algunos vehículos.

Todo ello con el pretexto de una campaña de agitación contra el turismo masivo, aunque para la CUP no son nunca necesarios los pretextos, ya sea para intentar invadir la sede de un partido político, para llenar de pintadas insultantes las paredes de otras formaciones e instituciones o para colgar carteles de apariencia franquista para descalificar a todos aquellos que se niegan a participar con su voto en el referéndum ilegal que aseguran que algún día será convocado por el presidente Puigdemont.

Para terminar, y puesto que en Cataluña no tenemos ya serpientes de verano, un dato interesante del último informe demoscópico del Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat: los votantes de la CUP son los que cuentan con mayores ingresos económicos.

Y no, esto no es ninguna serpiente de verano.