• De repente demócrata es el que incumple las leyes y represor el que las hace cumplir

Entonces las sequías eran pertinaces, los comunistas acérrimos, los fumadores empedernidos y los marcos paisajísticos incomparables; nunca los fumadores eran acérrimos y los comunistas empedernidos o las sequías incomparables, no. Había un orden impuesto que lo determinaba todo, incluido el lenguaje, ese arma de destrucción. Hablo de ese franquismo del que se acusa ahora desde el independentismo catalán a todos los que no piensan como ellos, no importa que sean Frutos o Ariza, que sufrieron persecución y cárcel por sus ideas en el franquismo de verdad mientras algunos de sus acusadores de ahora disfrutaban de los favores del régimen.

Franco ha vuelto últimamente para nombrar a todos aquellos que no les dan la razón a los independentistas catalanes, da igual cuál sea su pasado o su ideología. Facha es el que no piensa como tú y franquismo todo aquello que no conviene a tus intereses, ya sean las leyes o las sentencias de los tribunales de Justicia o simplemente la Constitución. En la radicalización de un mundo que sigue el camino del abertzale vasco de los ochenta la realidad se ha dado la vuelta y nada es lo que parece, al contrario. De repente demócrata es el que incumple las leyes y represor el que las hace cumplir, pacifista el que desobedece a los tribunales y jueces y antidemócrata el que los obedece. Y así vamos deslizándonos hacia un paisaje invertido, hacia una realidad inversa en la que se identifica la democracia con el franquismo y a los antifascistas se les llama fachas por no pensar como sus acusadores. Pasó en el País Vasco con Ibarrola, por ejemplo, y pasa en Cataluña con Juan Marsé o Serrat.

De seguir vivo, a José Agustín Goytisolo se lo llamarían también, pero, como ya está muerto, puede seguir tranquilo donde esté ahora mientras muchos catalanes y españoles vuelven a tararear aquel poema suyo infantil al que le puso música Paco Ibáñez y cuyos versos están más vivos que nunca: “Érase una vez/ un lobito bueno/ al que maltrataban/ todos los corderos/ Y había también/ un príncipe malo,/ una bruja hermosa/ y un pirata honrado/ Todas estas cosas/ había una vez/ cuando yo soñaba/ un mundo al revés”. Claro que para los independentistas José Agustín Goytisolo será un español, puesto que nunca se le vio con una estelada gritando independencia por esas calles de Barcelona en la que a su madre la mató una bomba de un avión franquista dejándolo huérfano junto a sus dos hermanos menores en un tiempo en el que el franquismo era real y no el espantajo que ahora enarbolan los independentistas catalanes mientras desayunan tranquilamente en el bar.