Desde que se convocaron las elecciones autonómicas del 27S en Catalunya se han hecho correr ríos de tinta sobre el carácter plebiscitario de las mismas. Reputados juristas han razonado la obviedad de que se trata de las elecciones al Parlament y no de un referéndum, si bien parece haber cierto consenso entre los mismos en que, aun no tratándose de un plebiscito, sus resultados puedan leerse como si tal fuera. Sin embargo resulta paradójico que ya a día de hoy los variopintos integrantes de la candidatura Junts pel Si, sobre todo miembros de CDC y ERC, hablen del 27S en términos de “si/no” a la independencia – segregación unilateral –  como si se tratara de responder a una pregunta sometida a referéndum y, por tanto, sin tomar en consideración la pluralidad de candidaturas y los demás contenidos programáticos que van adelantando. Para ellos sólo hay un tema, la independencia, dos listas por el “sí” (Junts pel Si  y la CUP que va por libre), y el resto están por el “no”.

Y hacen valoraciones sobre los porcentajes que obtengan el “si” y el “no”. Y punto.

Este planteamiento dicotómico, propiciado por el soberanismo, además de suprimir matices entre las candidaturas que se niegan a la segregación (no es lo mismo, por poner un ejemplo, la propuesta federalista del PSC y UDC que la falta de alternativa concreta de PP o Ciutadans) permite evitar el debate sobre las políticas regresivas en lo social del gobierno de Mas con la colaboración necesaria de ERC. Se trata de que no se debata sobre la cesión de la gestión pública de la sanidad a multinacionales del sector, de la desatención  a los beneficiarios por la ley de dependencia, de las paupérrimas ayudas a situaciones de pobreza o los recortes a la enseñanza pública…etc. Por algo presumió en su día Mas de ser precursor de Rajoy en las políticas de recortes. El debate permanente sobre el soberanismo todo lo tapa. Ya admitió el consejero de Territorio Santi Vila que el proceso soberanista ocultaba los recortes. Será por eso que Vila no ha sido favorecido con  un buen puesto entre los reservados a CDC en el batiburrillo de la lista de Junts pel Si.

O, probablemente también, por ejercer en ocasiones de verso suelto en el Gobierno de Mas al manifestar que le daba un ataque de risa cada vez que oía hablar de fronteras o que los últimos treinta años han sido los de mayor bonanza económica de Catalunya.

Anécdotas aparte, la dirección unívoca del bloque soberanista para poner en el centro de la precampaña electoral al independentismo ha llegado a extremos inimaginables, con propaganda que promete un país de Jauja en la futura Catalunya independiente.

Más allá de la última ocurrencia de Mas prometiendo para el nuevo país que será Catalunya un sistema fiscal como el de Suecia basado en la estrecha colaboración entre hacienda y administrados (¿alguien da más?), se han recuperado pancartas  del 9N que ondean otra vez con mensajes como “Un país donde mi abuela llegue a final de mes”, “Un País energéticamente responsable”, “Un país donde no haya listas de espera”… Puro intento de alienación, grotescos mensajes para tontos, lanzados además por los mismos que han mandado en los últimos años (CDC y ERC ¿Ha sido oposición?), los que eluden rendir cuentas de políticas contrarias a tan cálidos deseos. Y lo que quieren es seguir mandando.

Ofenden a la inteligencia de los ciudadanos que han de ir a votar. Así no habrá negociación posible, el PP no tiene un plan B en esa dirección y estos tampoco. Las ilusiones imposibles conducen a la frustración y esta es difícil de gestionar. Cuidado con el 27S. El mejor resultado será el que conduzca a la negociación. Y hay propuestas de diálogo donde elegir, fuera de la mal llamada “lista unitaria”.