• La inspiración del número 4 le ha llevado a desprenderse del traje de gran estadista para convertirse en azote de las élites

«Grandes jefes venir a reserva catalana, decir indígenas qué conviene votar». Así, haciendo el indio, Artur Mas invitó a los ciudadanos a hacer una gran «butifarra» a los líderes de Podemos, PSOE y PP que han participado en la campaña catalana y a votar a Junts pel Sí. El mensaje está claro: declarar Catalunya territorio hostil al hombre blanco conquistador. La metamorfosis de Mas durante esta campaña resulta digna de estudio. La inspiración del número 4 le ha llevado a desprenderse del traje de gran estadista para convertirse en azote de las élites. En su triple salto mortal del bussines friendly al anticapitalismo se ha saltado algunas clases. Si se hubiera detenido en el temario de la izquierda quizá hubiera reparado en la palabra fraternidad. Ese término casi olvidado, esa pretensión democrática de alcanzar la igualdad, esa inspiración que lleva a rebelarse contra el despotismo en todos los ámbitos, desde el político al de los abusos de los mercados o la discriminación machista.

Por eso, para algunos, la presencia de Pedro Sánchez o Pablo Iglesias no es la visita del dominador blanco, sino la representación de otros pueblos, de otras personas con las que hay mucho en común. Por ejemplo, la indignación ante los políticos que han formado parte del engranaje de la corrupción, que han impulsado recortes que han ahondado en la desigualdad o que buscan su supervivencia tras la banalidad de los disfraces.