La democracia no es solo una forma de hacer las leyes. Es fundamentalmente una forma de convivir basada en el respeto, no solo formal, de las mayorías y de las minorías. Recuerdo de joven una estancia para estudiar inglés en el sur de Gran Bretaña. Era un verano de sequía y la señora que me alojaba me advirtió severamente al llegar: «Hicimos una asamblea. El alcalde nos propuso dos medidas de ahorro de agua para evitar las restricciones: o dejar de regar los jardines o ducharnos en días alternos. Ganó la segunda opción aunque voté por la primera. Le ruego que se duche cada dos días, de lo contrario le expulsaré. No soportaría que mis vecinos pensasen que no cumplo la norma porque voté en contra». Reconozco que quedé impresionado. La escena me viene a menudo a la cabeza en las reuniones de vecinos: los gritos, las disputas, los desacuerdos y especialmente la negativa a cumplir los acuerdos de quienes no los apoyaron. La democracia es esencialmente una manera de comportarse basada en el respeto a la diferencia de la alteridad. Y un conjunto de reglas para determinar las mayorías y las minorías. Las leyes las sintetizan, pero nacen y se consolidan por el comportamiento diario de los ciudadanos y por la ejemplaridad de sus líderes.

Tarea larga

La condición necesaria de la democracia es el respeto: en la calle, en el Parlamento, en las redes, en las empresas, entre quienes piensan igual pero especialmente con los que piensan diferente. La cultura democrática es lógicamente más intensa en los países donde llevan más años practicándola. La cultura democrática es la que permite debatir hasta la saciedad sobre un asunto sin perturbar la convivencia hasta el punto de que los perdedores sean los principales vigías del cumplimiento del acuerdo. Eso no se consigue en treinta años ni solo con las leyes. Es tarea larga y  es mejor pensar siempre que todavía no se ha alcanzado la perfección. El catalanismo siempre se ha movido dentro de la cultura democrática, aunque ahora tenga en la red algún representante indigno. Ello no significa que el peligro no exista. Otras tradiciones lo saben bien. Les aparece en instituciones más destacadas.