Varios diarios madrileños espoleaban ayer a Mariano Rajoy para que actuara contra la resolución presentada al Parlament que propone la creación de un Estado catalán independiente en forma de república. No hará falta por ahora. La votación no se llevará a cabo con carácter de urgencia y, muy posiblemente, no se producirá antes del debate de investidura previsto para el 9 de noviembre.

Hay en marcha dos debates paralelos. El primero es cómo el bloque independentista puede seguir con el proceso que en 18 meses nos tendría que situar en condiciones de reclamar la independencia como el que va y se compra un coche. El segundo debate es sobre el poder, sobre quién lo va a ejercitar y con qué apoyos. Junts pel Sí, 62 escaños, necesita a la CUP, 10 escaños, para que Artur Mas sea investido presidente y guiar el proceso constituyente. Los cuperos están por la independencia pero sin Artur Mas como presidente y con otras condiciones rupturistas que constan en la propuesta de resolución conjunta.

¿Quién manda aquí? Sobre el candidato a presidir la Generalitat manda claramente la formación encabezada por Antonio Baños. La que lidera formalmente Raül Romeva va a ceder cuanto haga falta al precio de investir al número cuatro de la lista, Artur Mas, como presidente. Confusión.

La propuesta de resolución del martes no es una idea pactada entre Junts pel Sí y la CUP. Es una imposición de los diez diputados que no quieren saber nada de Europa o del euro, es el relato de la CUP que ha sido incomprensiblemente comprado por Artur Mas y sus más próximos colaboradores. El problema de CDC y ERC es que no pueden llamar a otra puerta porque plantearon las elecciones en clave exclusivamente independentista. Ganaron, pero no por mayoría suficiente, y la pareja de baile imprescindible tiene sus ideas propias y asamblearias.

¿Qué dice Oriol Junqueras? Será interesante conocer su valoración en unos momentos en los que el 8,2% por ciento de los votos y diez diputados tienen más capacidad de decisión, más poder, que los 62 de Junts pel Sí. No hay que descartar que cesión tras cesión, desprendiéndose de prenda tras prenda, Mas acabe dando un paso atrás o al lado para que otro candidato sea el próximo presidente. Nunca tan pocos habrían conseguido tanto.

Sostengo que hay un vacío de poder en Catalunya desde hace bastante tiempo. Y no me refiero a estos momentos transitorios como consecuencia de las recientes elecciones. Empezó cuando se propuso un candidato a la Generalitat que no ocupara el número uno de la lista. El país ha vivido demasiados momentos excepcionales y demasiadas emociones. Quizás haga falta que alguien gobierne con la autoridad que le otorgue una mayoría en el Parlament y que, a la vez, pueda hacerlo de acuerdo con ideas propias y no con las que le presten.