Un matrimonio catalán mixto (él convergente, ella de Esquerra Republicana) hablan en la cama antes de intentar dormir. Están preocupados.

Él: «Yo creo que no es tan difícil… Que disimule un poco».
Ella: «¿Disimular? Si él está orgulloso».

Él: «Bueno, pues que no diga nada durante unos días».
Ella: «Es imposible, están como locos».

Él: «Dile que no se cierre en banda».
Ella: «Eres un convergente tan típico… Te mereces tener un hijo de la CUP y te merecerías otro de Ciutadans».

Él: «Con una mujer de Esquerra Republicana me sobra. Dile a nuestro hijo que les convenza… Dile que si votan a Mas en la investidura le pongo aire acondicionado en la camioneta».
Ella: «¿Pretendes sobornar a tu propio hijo?».

Él: «No es un soborno, es un chantaje emocional educativo… ¿Por quién me has tomado? Si acaso dile que si votan a Mas le compro una camioneta nueva».
Ella: «Esta vez lo tenéis mal… y de paso nosotros también. ¿Junqueras pidiendo la investidura de Mas? ¡Junqueras convertido en casta! ¡Qué desastre! Como mínimo, el nen y sus amigos de la CUP son coherentes».

Él: «Bueno, ¿y si al nen le alquilo un local para que ensayen? ¿Podrían dar la vuelta al asunto?».
Ella: «¿De verdad estás dispuesto a comprar la conciencia ética de tu hijo?».

Él: «¡Ni conciencia ni hostias! ¡Son dos votos de nada, collons! ¿Tú crees que esta pandilla se puede cargar a todo un ‘president’ Mas por la cara? ¿Pero esto qué es? Mira, si votan a Mas les compro unos bajos para que monten un casal de esos suyos».
Ella: «¡Vaya, qué generosidad! Esta vez Mas no lo tiene tan fácil como con Junqueras, querido».

Él: «Eso ya lo veremos. Siempre nos queda algún patriota despistado de Iniciativa… Al final no pasará nada».
Ella: «Ese es el problema. Con vosotros los convergentes nunca pasa nada. Es siempre lo mismo».

Él: «Tampoco es que los de Esquerra seáis la alegría de la huerta, que digamos. El caso es que tu hijo y sus amigos pueden cargarse el ‘procés’ si nosotros no hacemos algo para evitarlo».
Ella: «A lo mejor lo aceleran… ¡Qué ganas de marcha!».

Él: «¿Polvete?».
Ella: «No, hoy estamos junts pel no!».