He soñado que alguien decía: «Ya estoy hasta los huevos de los que en política tienen un par de huevos, sin tener en cuenta que hay muchas cosas que cuestan un huevo. Me importan tres huevos las promesas irrealizables que nos pueden costar mil pares de huevos. Tiene huevos la cosa». Solo ha sido una pesadilla.

Señor Mas, quiero consolarle porque le veo últimamente intranquilo, desasosegado y -ya que le gustan las metáforas náuticas- en plena zozobra. Tranquilo. Póngase en nuestro lugar. Imagínese la paciencia que tenemos los que no hemos votado nunca a Convergència ni a usted y asistimos a este espectáculo de un president demediado y depreciado.

Imagínese cómo nos sentimos cuando, en informaciones aparecidas en El Triangle, se nos dice: «Para entender la política catalana hay que retener siempre y en cada momento un dato clave: la imputación de la familia Pujol por corrupción masiva y la condición subordinada de Artur Mas a este clan. Sin esta dependencia absoluta de Artur Mas a los designios de Jordi Pujol no se explica la independencia».

Pujol querría conseguir un pacto de Estado in extremis para que se paralicen los procesos contra su familia. Por eso hay que apretar simulando que usted, president, quiere la independencia a toda costa para, al final, llegar a un acuerdo. Póngase usted en nuestro lugar.

Yo no puedo creer que todo esto sea cierto, pero, claro, como últimamente han hecho la muda de la serpiente arrancándose la piel de Convergència a tiras… Todo es tan extraño… Hacen ustedes como el niño que si se tapa la cara cree que no le vemos. ¿Refundación o maquillaje?

¿Puede que todo sea teatro? El brillante candidato Homs ya dice que cuidadito, que hay que hacer las cosas dentro de la legalidad. En fin, president, que no sabemos a qué atenernos.

Reescribir la historia

Llega la Navidad. Su círculo sabe modificar la historia, president. Pueden cambiar Judea por Catalunya, Roma por Madrid y Jesús por Mas. Resultaría así: «En el siglo primero, Catalunya era un reino vasallo sometido a Madrid. Los catalanes estaban divididos en un puñado de sectas enemistadas entre ellas y a cual más fanática: saduceos, fariseos, zelotes, bautistas, esenios… Algo tenían en común: todos creían inminente el advenimiento del Mesías, un caudillo que expulsaría a Madrid y restauraría el reino del Mas prometido por las antiguas escrituras». Ya está, historia, y además sagrada. Anímese, president. (De momento escribo president en minúscula por lo mal que anda el tema).

En el preámbulo de una reciente edición de la Confesión de Tolstoi se cita a la poeta rusa María Ignátieva: «El poeta, cuanto más lejos está de su ombligo, más probabilidades tiene de alcanzar el ombligo del mundo».