• El margen para un acuerdo Catalunya-España se estrecha y el soberanismo no claudicará por las buenas

Esto es un pulso, y no tendría que durar mucho. El Cercle d’Economia constata que la famosa declaración de desconexión del Parlament, ha tenido «desde el primer momento efectos negativos ciertos y objetivos» en las decisiones empresariales. Después de la intervención de los gastos de la Generalitat, decidida por el Gobierno del PP con el beneplácito de socialistas y C’s, el ‘president’ Mas declara que «la autonomía tal como la hemos conocido ya no existe». Por supuesto, y con poco margen para la duda, ambos tienen razón.

Siempre que dos echan un pulso, se para el reloj. Solo hay ojos para observar, con el aliento contenido, los rostros contraídos de los contrincantes, los codos bien apoyados en la mesa, la tensión creciente, las energías concentradas en el brazo. Nos guste más o menos, seamos soberanistas, unionistas o falsamente equidistantes, haremos bien en reconocer que durante estas semanas dejamos atrás la etapa de los planteamientos para iniciar la fase decisiva del conflicto. Las dinámicas establecidas por ambas partes desde tiempo atrás empujaban hacia aquí. Una vez descartadas por Madrid las terceras vías, quemadas las naves a ambos lados, la confrontación ha llegado de manera inexorable.

Ahora lo que conviene a la sociedad es que eso dure el mínimo tiempo posible. Al final, se recompongan de una manera o de otra los vectores del poder, los costes de la confrontación dependerán sobre todo de la duración del pulso. Alargar la incertidumbre más de uno o dos años comportaría perjuicios que de entrada muy pocos pronosticaban y que nadie está preparado para asumir. Costes para España y costes para Catalunya. Más para Catalunya, porque dispone de menos capacidad para resistirlos, pero nada inocuos por España.

LA CONTRAOFERTA

Para desgracia de quienes se emperraban en pensar, contra pronóstico, que después de las elecciones generales del 20-D llegaría el momento de la contraoferta y el referéndum sobre un nuevo mecanismo, más equilibrado, de reparto del poder, los sondeos, lejos de corregirlas, obedecen a las dinámicas conocidas. El plan está trazado: Nueva Planta por etapas. Este final de año, la España dominante acumula fuerzas. Estado de emergencia. Objetivo principal, someter al soberanismo catalán. A este lado del tablero, el objetivo no es otro que ganar apoyos para obtener la mayoría independentista en votos y desconectar a continuación.

¿Qué otra cosa es posible esperar? No hay baluartes de defensa ante la Nueva Planta por etapas. Hace falta una miopía muy avanzada para predecir que el soberanismo dará el brazo a torcer por las buenas. Se agotan por instantes los plazos para una solución pactada. O hay oferta de armisticio y pacto en los próximos meses, o hay mayoría en votos para la independencia, o bien, en el peor de los escenarios, proseguirá el equilibrio de fuerzas actual y el pulso se alargará con un incremento importante de costes. Cuanto más dure la confrontación, más subirán las facturas.

Es cierto que todos exageran y sobreactúan. La declaración del Parlament no es una DUI sino una provocación, como definió al día siguiente Rajoy con precisión total. Apretar la tuerca con la intervención de los gastos es un paso más en la dirección ya conocida, pero queda todavía lejos de la supresión de la autonomía. Estos dos pasos, muy calibrados por los contendientes, modifican poco la realidad. Pero, en cambio, son muy significativos en el campo simbólico. Lo comprobamos con la gesticulación que los acompaña. Pero si sus efectos en el campo jurídico y en el de las finanzas públicas son limitados, la economía empieza a resentirse en un contexto europeo que no invita al optimismo.

LÍDERES CON FUTURO CUESTIONADO

Curiosamente, aumenta la tensión y entramos en la etapa resolutiva del conflicto con el futuro de los dos líderes cuestionado. Aun así, la tensión creciente favorece a los dos. Es probable que les consolide. Una vez ha empezado el pulso, a ver quién cambia de representante. Se dice que el PP perderá entre dos y tres millones de votos. Quizá serán menos y formará mayoría con C’s. La investidura de Mas aún pende de un hilo, pero la intervención favorece las expectativas de acuerdo entre Junts pel Sí y la CUP bajo el denominador común de la justicia social. También a favor de Mas, que por fin ha decretado la disolución de CDC.

La unidad del inmovilismo constitucionalista parece garantizada después del 20-D. La unidad soberanista se ve facilitada por las garantías de que, en esta fase resolutiva, el proceso proseguirá limpio de corrupción y de corruptas.

Tal como están y se presentan las cosas, se va estrechando el margen para el acuerdo. Si no se produce pronto, el pulso se decantará por la independencia a la corta o, a la larga y con costes inimaginables, por la imposición plena de la Nueva Planta.