• Hoy parece posible que ni Rajoy ni Sánchez sean el próximo presidente. Entonces, ¿quién?

  • El conflicto catalán y el cuatripartidismo pueden llevar a España a una tormenta perfecta de difícil salida

Llevo años escribiendo sobre política catalana y española pero nunca tanta gente me había parado para preguntarme: ¿Dónde estamos? ¿Qué va a pasar? Tras la declaración rupturista del Parlament del 9-N la obsesión era el futuro catalán. Ahora hay dos: qué pasará aquí con la CUP y si habrá gobierno en Madrid o se abrirá también en España un periodo de inestabilidad.

Ahí va la respuesta telegráfica. El bipartidismo ha funcionado durante muchos años pero ha ido sumando defectos. Uno es que la inexistencia del diputado de distrito, y el dominio de las listas por las cúpulas, lastra el contacto entre los ciudadanos y la clase política. Y esa intermediación la asumen en exceso unos medios de comunicación a veces interesados y/o teñidos de tremendismo. Otro vicio ha sido la práctica del acoso y derribo. El bipartidismo exige duros enfrentamientos pero si el clima se degrada demasiado los dos acaban perdiendo imagen. El asalto aznarista a Felipe González en los 90 -descrito por Luis María Ansón, una de las grandes plumas de la derecha- marcó un antes y un después. Cuando uno crispa, el otro no pone la otra mejilla y discutir quién empezó primero importa ya poco.

El ruido se elevó al máximo cuando el PP perdió en el 2003 y con su fiera oposición al Estatut de Catalunya. Aquello acabó en una sentencia del Constitucional contra algo votado en referéndum que vitaminó al independentismo. CiU dejo de ser la muleta útil al bipartidismo imperfecto y CDC ha acabado en Sierra Maestra. El bipartidismo no ha sabido canalizar la cuestión catalana. Gran fracaso.

Pero el toque definitivo fue la crisis. José Luis Rodríguez Zapatero hizo en el 2010 lo que tenía que hacer (la alternativa era el rescate) y el PP jugó a cuanto peor mejor (palabras de Cristóbal Montoro a la diputada canaria Ana Oramas). Entonces la oposición patriótica española no la encarnó el PP sino CiU. Una vez en el poder, Rajoy ha seguido e incrementado el ajuste anterior (inevitable si no queríamos salir del euro) y el PSOE se ha deslizado, con más moderación, por una crítica que recuerda la del PP contra Zapatero. Lo peor es que ninguno de los dos explicó bien las razones del rigor fiscal mientras la crisis hacía estragos en el tejido empresarial, disparaba el paro (del 8% al 25%), las cajas de ahorros quebraban, los desahucios se multiplicaban, los abusos salían a la laz pública (tarjetas black), y la corrupción (‘casos Gürtel, Bárcenas…’) dominaba los titulares de la televisión.

Y por eso han emergido dos partidos nuevos que el domingo no sustituyeron a los antiguos pero que juntos tienen 109 diputados frente a los 213 de los otros dos. Hemos pasado del bipartidismo que funcionaba casi como un régimen presidencial a un sistema de cuatro partidos (más los nacionalistas). Ahora el presidente no es obligatoriamente el que llega primero sino el que logra una mayoría parlamentaria. Y mientras tanto el Parlament catalán (pero no la población a juzgar por las elecciones del 27-S y del 20-D) exige la independencia.

La tormenta perfecta porque el PP ha quedado a 53 diputados de la mayoría absoluta y no tiene socio que se la pueda dar. Con Albert Rivera suma solo 163 frente a los 176 necesarios. Rajoy no será elegido ni en primera ni en segunda votación. Y la culpa es del mismo PP que ha dilapidado la gran ocasión de convertirse en un partido de centro-derecha conciliador. En una escala de 1 a 10, los españoles situan al PP por encima del 8, más cerca de la extrema derecha que del centro de la media española (4,6).

El PSOE ha perdido menos diputados (20 frente a 63) pero no ha ganado y está todavía más lejos de la mayoría. Pero si Rajoy falla, Sánchez lo tendrá que intentar. Necesitaría el voto de Podemos (muy difícil) y de IU para llegar a 161. Pero entonces Sánchez podría tener mas votos a favor que en contra si algunos nacionalistas (aquellos cuya prioridad es echar al PP) se abstienen. Es una operación sumamente compleja que puede dividir al PSOE. Y perjudicar a Sánchez sino la pacta bien con Susana Díaz y sus barones.

¿Ni Rajoy ni Sánchez? ¿Entonces? O la abstención del PSOE a un equipo del PP con otro presidente que acepte un pacto de Estado sobre la  reforma constitucional, o nuevas elecciones en mayo.

Podemos y C’s han tenido éxito pero llega su hora de la verdad. Rivera ha quedado peor de lo que preveían las encuestas en el inicio de campaña. Algunos han vuelto al PP y los más protestones han ido a Podemos. Ahora Rivera debe convertir algo improvisado en un coherente partido liberal.

De Podemos habrá que hablar. Deberá elegir entre influir en el Gobierno, lo que implica pactos y renuncias, o quedarse como partido de protesta en lo que ha tenido gran éxito (por ejemplo le ha quitado a Bildu cinco escaños). Pero únicamente la protesta le restará credibilidad a medio plazo. Las sociedades no se transforman desde la calle ni desde el parlamento sino desde las leyes (que exigen mayorías) y los gobiernos.

La CUP decide hoy si Mas es ‘president’

Inasequible al desaliento. El martes, en los premios del Foment, hizo un discurso arreglado. Tenía algo en común con el presente ministro Margallo: los dos están en funciones. Bueno, el ministro dos días y Mas tres meses. Tras la crisis -dijo- las convulsiones políticas son lógicas y deben encararse con paciencia, perseverancia y determinación. Pactar no es humillarse.

Estas cualidades no le han faltado al negociar con la CUP y olvidar casi todas sus ideas. ¡Qué lejos lo del “Govern dels millors”! Enrique IV de Navarra dijo “París bien vale una misa”, pero quedar atrapado es otra cosa y no hay ni pacto.

Será letra muerta si hoy no es ratificado por unos 3.000 anticapitalistas.

¡La Generalitat a subasta en una asamblea! Es una humillación. Cuesta pensar que CDC esté dispuesta a tanto para…seguramente nada. Miquel IcetaDuran Lleida y algún ‘conseller’ le aconsejaron no adelantar elecciones. Si les hubiera escuchado, ahora arbitraría en Madrid y no estaría a merced de la CUP y con la economía productiva apostando por las calabazas.