• CDC y ERC no supieron leer el resultado del 27-S y desde entonces han ido encadenando errores

Coincido con aquellos que piensan que culpar a la CUP del actual bloqueo en el que Artur Mas ha situado la gobernabilidad de Catalunya es equivocado. Cada uno tendrá su parte de responsabilidad, cierto, pero la primera es del líder de Convergència y, por extensión, de la mayor parte de la cúpula de su partido, porque fueron ellos quienes la noche del 27-S no supieron leer el resultado de las elecciones. Ellos y también ERC, exhibiendo triunfalismo y proclamando que la independencia había ganado, contribuyeron a crear una falsa nebulosa, que es en la que todavía seguimos instalados. El 27-S hubo dos millones de votos independentistas, que son muchos, y más con una participación del 77%. Son muchísimos, pero no son mayoría. Y, tirando del refranero catalán, ‘d’aquí plora la criatura’. Porque hubiese sido más respetuoso con los electores, con todos, con los del ‘sí’, los del ‘no’ y los del ‘depende’, no mentirles y explicarles que el propósito, la construcción de un Estado independiente, sigue siendo el objetivo último, pero que dado el resultado, los tempos tienen que ser distintos y, sobre todo, hay que convencer a más gente para lograr un apoyo mayoritario en la calle que ahora todavía no existe.

Las generales no han hecho más que confirmar que Mas se equivocó. Lo hizo cuando en el 2012 calculó que la Vía Catalana era suya y adelantó las elecciones contando que obtendría una mayoría absoluta. Resultado: 12 escaños menos. El líder convergente salió derrotado, pero no lo asumió. En su entorno solo se admitió que el presidente iba a reflexionar. Pasaron los meses, un 9 de noviembre fuimos llamados a participar en una pseudoconsulta (si no la ha habido de verdad es por culpa Mariano Rajoy)  y finalmente, otras elecciones. Estas, de carácter plebiscitario, según nos anunció el ‘president’, y así fue porque todos los partidos diseñaron sus respectivas campañas como si de un referéndum se tratara. De nuevo estaban pensadas para que Convergència obtuviese una mayoría absoluta, pero con el precedente del 2012 la única manera de conseguirlo era convencer a Oriol Junqueras de concurrir bajo el mismo paraguas. En un principio, el líder de ERC se resistió, pero acabó claudicando. Obtuvieron 62 diputados, muchos, pero no suficientes. Y siguieron cavando hacia abajo. Porque la CUP ya dejo claro su ‘no’ a Mas. Pero el líder de CDC no quiso (o no le dejaron) dar un paso atrás. Ni tan siquiera al lado. Hasta hoy. Como me recuerda el amigo Ureta, siempre nos quedará la poesía, y si son ustedes independentistas, decidan si el clavo es Mas o lo es el voto que faltó en la asamblea del domingo.

«Por un clavo se perdió una herradura,
                por una herradura, se perdió un caballo,
                por un caballo, se perdió una batalla,
                por una batalla, se perdió el Reino.
                Y todo por un clavo de una herradura».

¡Feliz año y abrochénse los cinturones porque vendrán más curvas!