• Que algún día haya mayoría independentista depende especialmente de Madrid, que ahora se relajará

Hay predicciones sobre el ‘procés’ para todos los gustos. Según los que nunca lo han admitido a la mesa, se ha fundido como un bolado y solo sobreviven vaporosas fantasmagorías que nos hablan desde los despachos y los platós. Quienes se pusieron de perfil auguran que el castillo de cartas se hundirá por ruptura entre el ‘president’ Carles Puigdemont y el vicepresidente Oriol Junqueras. Los hooligans declaran que solo toma impulso para dar, dentro de 18 meses, un magnífico salto del tigre. Tres hipótesis que se excluyen. Ninguna de ellas bastante verosímil. Las tres fundamentadas en deseos, no en el estudio desapasionado de la realidad.

¿Dónde estamos pues? Dado que en medio del mar no hay sitios donde parar, volvemos a las metáforas montañosas. Estamos en el segundo campamento. Desde el campamento base, ANC, Òmnium y los votantes independentistas observan y esperan noticias. Los expedicionarios, que son los políticos, acaban de instalar el segundo campamento, en cotas de un cierto vértigo, no mucho. El clima todavía es benigno y disponen de todo el confort que permite una aventura de esta altura. El peligro de alud es muy escaso. Por si acaso, se ha situado una barrera protectora en el lugar más peligroso: en vez de aprobar una nueva legalidad, el Parlament estudiará cómo se debe preparar el asalto a la cumbre. En lugar de precipitaciones, intenciones.

LO QUE DA DE SÍ EL 27-S

‘Grosso modo’, eso es todo. El resultado del 27-S podía dar para mucho menos. Estuvo a punto de caer montaña abajo. En cambio, tal como los ganadores van reconociendo, no da para más. Segundo campamento. Preparativos. Espera. Inquietud, la impaciencia propia de los escaladores, que ya querrían estar de vuelta del gran reto.

Arriba, todavía entre nieblas, la cumbre. Debajo, el campamento base. Esta es la situación y si alguien dispone de una descripción más precisa, pues bienvenida. El trasiego entre el campamento base y el segundo campamento es constante. Pero no hay expediciones a la nieve y el hielo de más arriba porque faltan materiales. Sin ampliar el campamento base no se puede emprender la última cordada (en realidad la penúltima, pero esto es un secreto).

En situaciones de esta naturaleza, las incógnitas se reducen a dos. Segunda, ¿cuándo se darán las condiciones óptimas para intentar el asalto? Y primera, que contiene la respuesta a la segunda, ¿se ampliará el campo base? No hay que pasar por el traductor para deducir que los plazos, las condiciones, la prosecución o el fracaso del procés dependen y dependerán, como es imprescindible en democracia, de la base electoral. Ahora no hay mayoría en votos. ¿La habrá algún día? ¿Cuándo? ¿Nunca? Hay que ser muy iluso, o un simple propagandista de la propia opción, y por lo tanto extraordinariamente temerario, para arriesgar pronósticos.

SEDIMENTACIÓN O EFERVESCENCIA

Siempre puede entrar en juego un acelerador imprevisible de la historia, pero por ahora no se le ve venir. Tanto en Catalunya como en Madrid, los líderes han aprendido a modular el juego de la tensión con menos riesgos de lo que parece. De manera que las voluntades se irán decantando por sedimentación, no por efervescencia. La estrategia de la parte catalana, que consiste en señalar la cumbre con una mano y poner el cesto para que vayan cayendo los rebotados, es suficientemente conocida, funciona, y no esperen que cambie. Que algún día llegue a haber mayoría independentista en votos depende sobre todo de Madrid. Y dado que Madrid no tiene prisa, esto va por largo. Es decir, que Puigdemont, entre muchos aciertos, ha cometido el error de reafirmar el brindis al sol de los 18 meses y presentarse, en consecuencia, como uno que pasaba por la Presidència. Instálese bien, president, ponga una buena estufa en su tienda-despacho, que esto va para largo.

Aunque en Madrid gobernara la gran coalición, con traición socialista a la voluntad popular, el asedio sobre Catalunya más bien se relajará. La nueva izquierda de Ada Colau ha empezado a preparar otro campamento base, con lucecitas de led, no muy lejos del soberanista pero con exclusión del centro y la derecha. Descartado el salto directo a la cumbre vía DUI, a pesar de que Marta Rovira lo continúe anunciando para halagar a los enardecidos, resultaría completamente estúpido convocar al electorado mientras se mantengan estas condiciones. Los escaladores no suelen practicar el deporte de echarse por el barranco. Si no es para ganar en votos, no habrá nuevas elecciones anticipadas en Catalunya. CDC y ERC se guardarán de romper la coalición porque rodarían todos monte abajo en una gran bola de nieve.

Hay mucho ruido. Las solemnes montañas de alrededor reverberan, resuenan y amplían los ecos. No se espanten. Descansen. El ‘procés’ no se ha acabado. Acampa, que ya convenía.