• Quintaesencia de la vieja política, con luces y sombras, Duran era la bestia negra de la CDC neoindependentista por encarnar lo que siempre fue CiU

El 8 de junio del 2014, poco después de que el rey Juan Carlos anunciara su abdicación, EL PERIÓDICO abrió su portada con este titular: «Duran también abdica.» Se narraba más adelante la decisión de Josep Antoni Duran Lleida de abandonar la secretaría general de CiU como antesala de la ruptura definiva con Artur Mas, que acontecería un año más tarde. La renuncia a la presidencia de Unió consuma esta abdicación a plazos que Duran rumiaba desde hace dos años.La abdicación final de Duran

En apenas una semana, el giro independentista de la derecha nacionalista ha arrumbado el liderazgo de Mas y la carrera de Duran, rivales por la sucesión de Jordi Pujol a principios de la pasada década. La cohabitación entre ambos, compleja y llena de asperezas, se truncó en otoño del 2012 cuando Mas, contra el criterio de Duran, precipitó las elecciones para subirse a la ola
soberanista a fin de prescindir de la incómoda muleta del PP. Tras el fiasco electoral, la alianza de Mas con ERC desató las hostilidades en el seno de CiU, pero a los democristianos les faltó entonces arrojo para forzar el divorcio. El pánico de Unió a testar en las urnas su verdadero peso electoral pudo más que las graves discrepancias ideológicas.

Nunca sabremos qué hubiera sucedido si Duran hubiera impulsado con más tiempo una alternativa catalanista y moderada, a imagen y semejanza de lo que durante lustros fue CiU. Pero concurrir a las últimas municipales junto a CDC tampoco le aportó grandes réditos, pues al partirse en dos Unió muchos concejales democristianos cambiaron de bando. Las debacles del 27-S y el 20-D, la investidura del convergente Carles Puigdemont y la próxima refundación de CDC bajo la égida de Mas auguran un negro futuro para la histórica formación democristiana, hoy extraparlamentaria.

El legado de Pujol

Quintaesencia de la vieja política, con sus luces y sus sombras, Duran devino la bestia negra de la CDC neoindependentista porque era el espejo que devolvía a los vástagos de Pujol la viva imagen de lo que siempre fueron. Ese legado del que tanto abomina la CUP, que ha liquidado a Mas y que, paradojas de la política, ahora el ‘expresident» tratará de reconstruir.