• Se precisa mucha convicción y coraje para someter a un pueblo a un plebiscito sobre una persona.

¿No querías plebiscito? Dos tazas. El primero, sobre la independencia, el 27-S, con el resultado, finalmente asumido, de empate a uno, es decir, de victoria en escaños y derrota en votos. El segundo plebiscito, sobre Artur Mas, el próximo 6-M. ¿Se trata de una locura personalista? Este 2016 es el Año Llull, que se denominaba a sí mismo «Ramon lo foll»Ramon Llull, el más prolífico y genial de los autores catalanes, fue también un hombre de acción que al final de la vida se lamentaba de su cosecha de fracasos. ¡Hace 700 años! Pero los catalanes todavía estamos aquí, en buena parte gracias al genio visionario del forjador de nuestra lengua. Si una cosa hemos heredado de Llull es la condición irrevocable de soñadores pragmáticos.

En nuestros días, no sabemos si por desgracia, ha desaparecido el concepto de genio. Aun así, persisten las cualidades, y Mas combina tres poco comunes: tenacidad, habilidad y ductilidad. Las dos primeras ya las conocíamos, y por eso no debe extrañar que, en vez de dar el paso al lado que le reclaman, prefiera enfrentarse a unas elecciones plebiscitarias sobre su figura. Tampoco es raro que haya mantenido la unidad de la frágil coalición Junts pel Sí en este difícil trimestre. Finalmente, gracias a la ductilidad mostrada durante las negociaciones Mas ha conseguido desde los antípodas ideológicos que la mitad de la CUP votara a favor de investirlo. Ningún político convencional se habría propuesto seducir ni al menos radical de los cuperos.

Ni los amigos ni los enemigos de Mas negarán que se precisa una ración muy considerable de convicción y coraje para someter a un pueblo a un plebiscito sobre una persona. Además, hace falta una elevada dosis de habilidad para que los de su entorno se lo permitan. Esto no es normal. Esto no es de país normal. Todo un pueblo a votar por un hombre solo. Un hombre capaz de argumentar, sin oposición entre los suyos, que no hay proceso si él no lo encabeza. El giro de la sociedad a la izquierda, ratificado con la victoria indirecta de Ada Colau en las generales, indica, a ojos de muchos, lo contrario. Pero no a ojos de MasMas es muy tenaz. Es muy habilidoso. Es muy audaz. Los catalanes, una pandilla de soñadores pragmáticos. Si alguien dispone de una explicación mejor, los lectores y yo estaremos agradecidos de saberla.

¿Hasta qué punto Artur Mas es también temible? Quien mejor podría responder, aunque no lo hará con palabras, es Oriol Junqueras. Para esclarecer las posibilidades de repetición de Junts pel Sí, más que a Junqueras habría que hacer la siguiente pregunta a los independientes de la candidatura, sobre todo los importantes: ¿en caso de que ERC concurra con lista propia el 6-M, preferirían formar parte de la lista del president o enfrentarse a él desde Esquerra? Si Junqueras no se ve ganador, aceptará la continuidad de Junts pel Sí. Es en este sentido muy significativo que se haya mantenido leal en vez de reclamar la renuncia de Mas, y de paso descartarse como presidente de consenso para así intentar dejarle en fuera de juego. El mejor índice de la fortaleza electoral de Mas es la fidelidad de Junqueras. La experiencia nos dice que Junqueras prefiere someterse a Mas antes que encararse con él con el riesgo de perder.

El otro índice para calibrar las opciones de Mas en marzo se llama Ada Colau. Si se limita a movimientos discretos y se mantiene a distancia, es que lo ve demasiado fuerte y prefiere aplazar el giro a la izquierda antes que confrontarlo con el independentismo, polarizado alrededor de Mas. A diferencia de Ciutadans, PSC y PP, el movimiento que Colau representa no se opone a la independencia sino que se relaciona con ella de manera oblicua, en parte como alternativa y en parte como complemento, con el objetivo de sustituirlo desde el soberanismo constituyente.

Se podría escribir un pequeño tratado sobre la audacia electoral de Mas. Según multitud de analistas, siempre se ha equivocado y ha perdido lo indecible en cada ocasión. La segunda parte es cierta. En cambio, equivocado o no se ha revalidado como president, y pocos negarán que este era, y continúa siendo, uno de sus principales intereses, si no el primero.

¿Tendremos Mas después de marzo o va de cabeza a un suicidio político? ¿Suponiendo que gane, conseguirá ser investido o la victoria será lo bastante pírrica como para enterrarlo? La batalla de marzo se librará entre el independentismo transversal y el giro hacia la izquierda soberanista. Entre Mas y no se sabe muy bien qué, aún no articulado. ¿Qué mitad de la CUP tenía razón? Eso decidirán las próximas urnas, polarizadas, previsiblemente más a favor que en contra, por Artur Mas.