La decisión de Pedro Sánchez de someter al voto de la militancia del PSOE los posibles acuerdos de gobierno es una jugada inteligente de un secretario general acosado por la derecha, por la izquierda, de frente y hasta por la espalda, como subrayó con fina ironía Miquel Iceta. Sánchez supera así la presión de los barones con una medida que, pese a no estar en los estatutos, nadie podrá calificar de antidemocrática, sino al contrario, y siempre es mucho mejor para el futuro dejar el partido en manos de los militantes que de unos barones que no tienen empacho en tratar de impedir lo que ellos han hecho en sus feudos, el pacto con Podemos.

Cuando quedan dos días para que acabe la segunda ronda de consultas del Rey sobre la investidura, Mariano Rajoy sigue sin contar con posibilidades de repetir como presidente. Por eso, tanto si lo intenta y fracasa como si Felipe VI traslada el encargo a Pedro Sánchez, el candidato socialista tiene el derecho y el deber de intentarlo, aunque disponga solo de 90 escaños y las opciones de lograr un Gobierno «progresista y reformista» sean escasas. Los barones del PSOE no pueden evitarlo y menos con prohibiciones absurdas como el veto a contactos con independentistas. Una cosa es no pactar o no aceptar el voto de ERC y de Democracia i Llibertat y otra muy distinta rechazar hasta su abstención, como si un partido pudiera inmiscuirse en lo que van a hacer otros. Los barones que mantienen esta postura excluyente deberían explicar cómo pretenden abordar la resolución del conflicto soberanista sin siquiera aceptar el diálogo. Lo mismo cabría decir de un posible acuerdo con Podemos: el comité federal puede marcar los límites y el contenido de las discusiones, pero no negar el principio de la negociación.

La única concesión de Sánchez ha sido el adelanto de la fecha del congreso, que la dirección federal quería celebrar en junio y se ha fijado para el 20 de mayo. Antes, el 8 del mismo mes, los militantes votarán en primarias para elegir al secretario general, que será después ratificado por el cónclave. El adelanto de la fecha permite que pueda haber un nuevo líder antes de una eventual repetición de elecciones. Pero todo dependerá de cómo se resuelvan las negociaciones para formar gobierno. Si Sánchez se sale con la suya, reforzará su liderazgo y no tendrá rival para seguir al frente del partido.