• Tengan claro, tanto los partidarios como los enemigos del cambio, que Pedro ha dejado de ser un mindundi

‘Alea iacta est’. Los dados han salido del cubilete. Pedro Sánchez ha saltado el Rubicón. El gran pacto político de Madrid contra el resultado de las elecciones tiene un palo en la rueda. Peor aún, Sánchez intentar un pacto hispánico de izquierdas con los díscolos de Podemos y el visto bueno de los periféricos todavía más díscolos (por eso Miquel Iceta pelotea a Carles Puigdemont). Es difícil, mucho, pero ya pueden dar por hecho que irá a por todas y hasta el fin. Los dados, una vez lanzados, no vuelven atrás.

No se puede saber, y menos demostrar, si Sánchez actúa por convicción o por instinto. No importa mucho. No hace falta que Mariano Rajoy le dirija preguntas retóricas, porque ya ha tomado la decisión. Sea cual sea el final del drama –no tiene nada de comedia— pasará a la historia como el primer insumiso de alto nivel en la historia de la democracia española. Tal como anda el asunto, esto también tiene futuro. Quizás más que gobernar con semejantes compañías.

En Francia, acaba de dimitir la ministra de JusticiaChristiane Taubira, todo un referente de la izquierda, porque Manuel Valls es la derecha de la izquierda. Ya vimos como el laborismo británico, se ha abrochado los pantalones bajados por Tony Blair. Las disensiones y las tensiones internas son inevitables en la izquierda que debe redefinir su función en un capitalismo demasiado dominado por la avidez de las élites mundiales.

Por todo ello, Sánchez no es un cadáver político. No se esfumará aunque consigan defenestrarlo, aunque es dudoso que Felipe González y compañía lo consigan. Con su firmeza posicional, Sánchez se ha blindado. O el PSOE le sigue hacia la izquierda o se rompe y la derecha socialista queda a merced del PP. Hoy, la garantía electoral del PSOE ante la amenaza de Podemos se llama Pedro Sánchez. Sánchez se ha convertido en el motor y la garantía del cambio. Felipe González es el apéndice de un PP desgastado y corrupto. Contra lo que parecía hace poco, la repetición de elecciones perjudicaría Rajoy y favorecería Sánchez. Uno es el paquidermo que se hunde en el lodazal de la corrupción sin fuerza política para levantarse. El otro le está robando la bandera del cambio a Pablo Iglesias.

Al laboratorio catalán, la amenaza de abandonar el partido de Núria Parlon, alcaldesa de Santa Coloma y recambio natural de Iceta, ha sido seguida por el alcalde de Terrassa. Habría efecto en cadena. Si los socialistas pactan con el PP, la hegemonía de los Comuns de Ada Colau en el área metropolitana está asegurada. Sin Sánchez, Podemos podría ser con mayor facilidad el primer partido de la izquierda española. Cuidadín, pues, PSOE.

Se acabe como se acabe este interesantísimo combate, tengan claro, tanto los partidarios como los enemigos del cambio, que Pedro Sánchez ha dejado de ser un mindundi. Por lo menos, si lo pierde todo, será un símbolo viviente.