• El único cambio posible exige una difícil suma del PSOE con Albert Rivera y Pablo Iglesias

Pasadas las elecciones, los partidos quieren gobernar. Lógico. El PP quiere seguir en la Moncloa, le cuesta pensar en una España en que no mande y ha quedado primero con 123 diputados. El problema es que no tiene mayoría. Está muy lejos de la mayoría absoluta (176 escaños) y con el único socio posible pero dudoso (Ciudadanos) solo suma 163 diputados. Y no hay otro aliado a la vista.

Cierto, una gran coalición tendría amplia mayoría, pero no hay hábito de cooperación, sino de acoso y derribo entre los dos grandes partidos. Además, esto no es Alemania y (salvo una gran emergencia) dejarle a Podemos el monopolio de la oposición no es conveniente para el sistema, la democracia con economía social de mercado en la que (con todos los inconvenientes) vive Europa. En Grecia eso condujo a la victoria de Syriza y al desastre posterior.

Para evitar nuevas elecciones cabe la abstención del PSOE en la investidura de alguien del PP. Pero eso –en lo que la derecha política, económica y mediática está tan empeñada– por lógica solo debería plantearse si Pedro Sánchez fracasara en su objetivo de articular un pacto de investidura de cambio. La aritmética parlamentaria le da ese derecho y me hizo reír el articulo de un simpatizante del PP que siempre ataca a los socialistas. Se titulaba: ‘Salvar al PSOE’ y el remedio era la abstención en la investidura de Mariano Rajoy. ¡Un poco de seriedad, por favor!

Aunque es cierto que no será fácil ese pacto de investidura para el cambio. Y que tiene riesgos. Las tesis simplistas —Pablo Iglesias es su máximo exponente– exigen un Gobierno de coalición PSOE-Podemos-IU. Pero eso es aritméticamente casi imposible y políticamente inviable. Juntando los tres partidos son 161 diputados frente a 163 del PP y Ciudadanos. No sale. Claro que si el PNV (que es de centro y no de izquierda) votara a favor serían 166. Entonces podría funcionar en segunda votación siempre y cuando CiU y ERC se abstuvieran.

La aritmética es complicada (casi una fantasía), pero como además los dos grandes asuntos son la negociación con Bruselas sobre la economía y la reforma constitucional para desbloquear el contencioso con Catalunya, un Gobierno exclusivo de izquierdas sería inoperativo y crearía una gran frustración. Sin el PP, que tiene mayoría absoluta en el Senado, y sin Ciudadanos, no hay ni matemática ni políticamente reforma de la Constitución que valga.

Pero Pedro Sánchez propone otra cosa: un pacto de investidura –no un Gobierno– con Ciudadanos y Podemos. ¿Son incompatibles los liberales y la versión hispánica del comunismo poscomunista? Quizá, pero es la única posibilidad real de cambio. Aritméticamente sumaría 199 diputados, muy por encima de la mayoría absoluta. Y políticamente, la presencia de Ciudadanos haría que no fuera percibido como un Gobierno radicalmente enfrentado a la derecha. Habría más ‘chance’, aunque no seguridad, de llegar a acuerdos con el PP para la reforma constitucional. Y en economía se podría hacer una revisión seria del cuatrienio pasado que no implicara una ruptura total, cosa imposible, por otra parte, por la pertenencia al euro que nadie (ni Podemos tras la experiencia de la Syriza griega) quiere abandonar.

Albert Rivera ha dicho este lunes con cuidado que «para legislar» no es incompatible con Iglesias. Es un paso. Iglesias insiste, de entrada, en negarse a un pacto con el PSOE y Ciudadanos. Viene a decir que quien mucho abarca (desde Ciudadanos a Podemos) poco podrá apretar (no hará política progresista). Lo que pasa es que quien no abarque no podrá apretar absolutamente nada. Porque la suma no sale y España ha votado con más voluntad de protesta y ansia de cambio que fe en los dogmas de manual.