Algunos han hecho “enloquecer el proceso catalán” y ya no sólo se habla de independencia en 18 meses sino que se condiciona la investidura de un nuevo gobierno español por las exigencias de reconocimiento de una independencia que muchos de los que la vienen preconizando creen, en privado, que es imposible.

Por esta razón me ha parecido oportuno traer a estas páginas unas declaraciones formuladas hace justo cuarenta años –el 21 de febrero de 1976– por alguien que no defendía la actual utópica independencia sino una solución autonomista que, aún teniendo en cuenta los supuestos agravios que estamos padeciendo los catalanes estos años, suenan como muy realistas viniendo como venían de Andrés Ribera Rovira. Ribera fue impulsor del catalán con Òmnium Cultural, empresario importante y asociado de Jordi Pujol en el Grupo Banca Catalana-Banco Industrial de Cataluña y fue presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Barcelona.

En aquella fecha se dirigió al Rey Juan Carlos en nombre de las principales corporaciones económicas catalanas diciendo: “ Es nuestro deseo que Catalunya pueda incrementar su aportación al desarrollo de la nación y consideramos que ello se conseguiría con la máxima eficacia a través de una descentralización que vigorice política y económicamente la región, así como mediante una serie de obras de equipamiento y servicios que permitan el aprovechamiento de nuestras capacidades… Nuestra región que ha sido siempre consciente de su deber de solidaridad para con las demás regiones españolas, espera de ellas su comprensión cuando pedimos se solucionen nuestros problemas, ya que con ello solo pretendemos caminar hermanados para el engrandecimiento de la Nación… Deseamos agradeceros que, bajo vuestra presidencia, el Gobierno haya acordado una Comisión para estudiar la implantación de un régimen administrativo especial para las provincias catalanas, el cual esperamos sea el paso inicial que conduzca , a corto plazo, a la constitución de un órgano regional que abarque competencias en materia económica, política y administrativa”.

Se me dirá, y estoy de acuerdo con ello, que en estos cuarenta años la autonomía ha avanzado mucho lo cual exigiría de un léxico distinto al que usó Ribera –cuando Catalunya no tenía siquiera el Estatut de 1979–, pero sus palabras resultaban aceptables para todos mientras que el independentismo populista preconizado por algunos divide, no es comprendido por muchos y está conduciendo a un callejón sin salida que va a provocar muchas frustraciones.