• Los líderes del soberanismo, que ya musitan en privado lo que expresa la encuesta del GESOP, deberían amoldar sus mensajes al sentir ciudadano

La encuesta del GESOP, con 1.600 entrevistas, ofrece un retrato fiel del estado real del mapa político catalán, siete meses después de las trascendentales autonómicas del 27-S y en el interregno entre las generales de diciembre y la reválida de junio.Y ayuda, de paso, a desmontar algunos mitos.

Los movimientos tectónicos de este agitado periodo –la amarga victoria del ‘sí’ en las llamadas ‘plebiscitarias’, la pugna entre Junts pel Sí (JxSí) y la CUP, la investidura fallida de Artur Mas, el paso a un lado del ‘expresident’, la entronización de Carles Puigdemont…– alteran de forma sensible la geografía del soberanismo. Mengua su territorio por la pérdida de escaños y votos, señal de que el 47,8% del pasado septiembre podría no ser el suelo del independentismo, como este pretende, sino su techo. Pero también el reparto del latifundio electoral experimenta notables cambios.

De concurrir ERC y CDC por separado a otras autonómicas –hipótesis a no descartar; como prueban las generales–, los republicanos conquistarían la hegemonía independentista, arrumbando a los convergentes a la tercera plaza. La reedición de JxSí en idénticas condiciones se antoja, así, muy incierta. La incógnita, una ucronía imposible de despejar, es si el ‘sorpasso’ de ERC se hubiera producido ya el 27-S de haber logrado zafarse de la lista conjunta promovida por Mas.

Los catalanes, por lo demás, exhiben mayoritariamente un ‘seny’ (sentido común) del que la política no anda sobrada. Sostienen la mitad más uno que, con el mandato del 27-S, el Parlament carece de legitimidad para ejecutar la hoja de ruta hacia la independencia. Así lo piensa, incluso, uno de cada cuatro votantes de CDC. En su conjunto, solo el 21% apoyaría una ‘independencia exprés’, y la apuesta por un referéndum pactado con el Estado gana terreno entre el electorado soberanista.

Nunca es triste la verdad

Los prohombres del soberanismo, que ya musitan en privado lo mismo que expresan sin complejos los encuestados, harían bien en ir amoldando sus mensajes públicos al sentir ciudadano. Porque, como escribió Serrat, «nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio».