A imitación del sugerente anuncio de una cerveza catalana que hace un canto al estilo de vida mediterráneo, los dirigentes estatales de Podemos, cuando aterrizan en Catalunya (y también en Castellón y Valencia), se dedican a proclamar que el cambio de veras irá de la costa hacia Madrid, en sentido inverso al veraneo de las clases medias de la capital de España con las que quiere conectar el patriotismo tuneado de Iglesias. La presencia en Barcelona de la valenciana Mònica Oltra –que gobierna con los que han sido calificados de casta, mafia y amigos de la cal viva por los podemistas– es la prueba viviente de que el relato de un nuevo “verano azul” tiene mucha gracia, con o sin gambas. Y la presencia de la alcaldesa Colau –que ahora gobierna con los mismos que Oltra– asegura que en la ensalada de los comunes se puede echar de todo, siempre que no hagamos muchas preguntas. Siempre que –para decirlo como en el spot de cerveza- no preguntemos por las pequeñas cosas.

Y una cosa que Podemos debe considerar muy pequeña es el corredor ferroviario mediterráneo, razonable aspiración de la buena gente de Catalunya, Valencia y Murcia que ni el PP ni el PSOE han escuchado nunca. Esta infraestructura imprescindible cuenta con el aval de las autoridades europeas y el consenso de los máximos expertos, pero se ha convertido en un proyecto maldito a causa de la visión centralista, rancia y castellanocéntrica de los dirigentes populares y socialistas. No poca gente –dentro y fuera del soberanismo– pensó que Podemos –la presunta nueva política– no dudaría en impulsar el corredor mediterráneo. Si quieres superar el bipartidismo, eso se debe notar en “las pequeñas cosas” del día a día. Pero un sencillo repaso al programa de Podemos muestra que los nuevos patriotas se parecen mucho a los de siempre. Su apuesta es desarrollar el eje ferroviario del Pirineo aragonés. ¿Qué sorpresa, verdad? Bajo el epígrafe “Reapertura de la línea ferroviaria Canfranc-Oloron en el horizonte 2020” se dice: “Restauraremos y reabriremos la línea ferroviaria entre Huesca y el sudoeste de Francia para facilitar el tránsito de mercancías y viajeros entre España y Francia, lo que conllevará una mejora competitiva y el desarrollo de Aragón como polo logístico”. Para compensar, apuntan que se invertirá en las líneas Teruel-Zaragoza-Sagunto.

Lo más interesante –aparte de poner en evidencia la escasa influencia de los comunes y del hipotético ministro de la plurinacionalidad Domènech– es comprobar una cierta –digamos– decepción entre independentistas de buena fe, que se habían creído que Iglesias “es diferente”. Esta decepción dice mucho del estado de ánimo del soberanismo y de la facilidad con que ciertas vaguedades generan expectativas. Quien repite que ofrecerá un referéndum pactado no es capaz, en cambio, de asumir el corredor mediterráneo. El Zapatero del “apoyaré” regresa disfrazado con coleta. Están avisados.