• La legislatura solo llegará, al paso que va, a cumplir los famosos 18 meses en estado agónico

Nadie sabe de nadie capaz de predecir ni cómo ni cuándo acabará el ‘procés’. En septiembre faltarán seis meses para convocar alguna forma de consulta, ignoramos cuál. El único acuerdo entre Junts pel Sí y la CUP que no se cuestiona consiste en preparar la famosa desconexión. Como si el orden de los factores alterara el producto. En Quebec y Escocia, primero la mayoría y después, si la hubiera habido, el calendario y los preparativos. En Catalunya, no. En Catalunya, primero los preparativos, y encima pocos y sutiles, por temor al Constitucional. Como si las leyes de desconexión no tuvieran que quedar más legitimadas ante los propios ojos con la suspensión a cargo de un tribunal que se ha ganado el rechazo a pulso. Puestos a buscar complicidades, lo ideal sería que, una vez suspendidas la famosas leyes, quedaran expuestas en pública vitrina con la intención de que entraran en vigor el día que el Constitucional ya no tenga voz ni voto en la nueva república catalana. Tal como se preparan, no son ni chicha ni limonada.

Primero unos preparativos de plastilina y después ya veremos. No es que se eche de menos un plan B, no, es que no hay ni plan A. El plan A del independentismo debería consistir en la búsqueda de la mayoría, pero la cuestión fundamental se deja en manos del azar y de Madrid. Del azar, por si tiene la bondad de convertir pocos  y muchos no en abstenciones, despistar a los contrarios y que las multitudes desilusionadas mantengan la disciplina a la hora de votar independencia. De Madrid, dando por sentado que funcionará a pleno rendimiento la máquina centralista de fabricar independentistas.

Los actos propios cuentan poco. La ejemplaridad es inexistente. El eslogan subyacente de JxS, el que hizo posible la existencia de la candidatura es ‘primero independencia y después decencia’. Nada de empezar a pasar, nada de construir alguna realidad, embrión o proyecto modélico ni en aquellas áreas donde el instrumental está en manos del Gobierno soberanista. Nada de liderazgos. Al contrario, crecen las tensiones en el interior de los 72 diputados por la independencia, y no solo entre JxS y la CUP sino, quizá aún más si bien de manera más solapada, entre ERC y CDC.

EL PAPEL CONTRADICTORIO DE LA CUP

La CUP se las carga por los incidentes de Gràcia y por su enmienda a la totalidad de los presupuestos. Son los malos: primero obligaron a Mas a retirarse, como si no hubiera contribuido a ello desde la sombra la negativa de ERC a repetir lista unitaria, y como si las encuestas internas no hubieran aconsejado el mutis de Mas a cambio de mantener a CDC en la presidencia.

Cargados de contradicciones, los cuperos no han tardado en incumplir la palabra firmada y hacen tambalear el ‘procés’, con la absurda pretensión de que JxS sea coherente con la declaración que inauguró la legislatura y tire por la vía de la desobediencia unilateral. ¡Bravo para todos! Si después de mucho sufrimiento se aprueban los presupuestos, serán votados con las manos en la cabeza, in extremis y sin brindis, si no es al sol. Si los constitucionalistas no mojan más pan es porque en su horno no se cuece nada palpable y positivo.

Los líos no acaban aquí. A falta de un líder, el procés disponde de tres presidentes. Mas, ‘president’ a la sombra. Puigdemont, ‘president’ interino, en funciones de defensa central. Y Junqueras, ‘president’ in péctore, a la espera de perder de vista a la nueva Convergència por el retrovisor y protagonizar el giro a la izquierda de este independentismo que tanto presumía de transversal.

LAS PERSPECTIVAS DE LAS ELECCIONES DEL 26-J

Los resultados del 26-J pueden acabar de complicar las perspectivas. CDC, a la baja. La ausencia de mea culpa ante la corrupción, encarnada en los Pujol, el increíble autogol de Tortosa y el trilerismo ideológico desacreditan la refundación. La noche del recuento veremos hasta qué punto. ERC, equidistante entre la derecha y la extrema izquierda del soberanismo y en consecuencia interlocutor privilegiado, se presenta como la opción capaz de evitar que los comunes vuelvan a pasar la mano por la cara a los independentistas. Voto firme, voto limpio, voto dialogante, papeletas de guante blanco, desprovistas de trapicheos. OPA, por supuesto que amistosísima, a Convergència. OPA a JxS, OPA a la CUP y mensaje a los comunes de buena fe para que no se dejen engatusar. Mientras tanto, perdida la capacidad de movilización y sepultada su autoridad civil, es decir moral, la ANC cumple con un rigor digno de mejor causa el encargo de desaparecer del mapa.

Al paso que va, la legislatura solo llegará a cumplir los famosos 18 meses en estado agónico. No por ello el independentismo se diluirá, pero si no tiene mayoría de votos, y a fe que acumula méritos para que no suceda, se deberá replantear estrategias. De abajo arriba.