• A los británicos también les decían que nada iba a cambiar porque los mercados son globales

Para el debate democrático fue una imagen terrible. Me refiero a la de Farage, líder del UKIP, desdiciéndose, al día siguiente de ganar el referéndum, de su promesa de que con el brexit se podría mejorar el sistema de salud gracias a recuperar los 350 millones de libras que el Reino Unido (RU) aporta cada semana a la UE. Farage argumentó que «nunca se fue tan claro», que esa cifra era «un error de cálculo». Los británicos se quedaron estupefactos. Y Farage tuvo que dimitir de la dirección de su partido. La promesa había sido clara y machaconamente repetida. Hasta con banderolas en los autobuses de Londres, acompañando la imagen de Boris Johnson. Este ha salido mejor librado, aquí lo tienen, ministro de Exteriores después de haber tachado a Obama de «negro nacido en Indonesia» y a la UE, «un peligro para el Reino Unido mayor que el de Hitler«. Necesitará lecciones de urbanidad y diplomacia. Esos 350 millones no han sido la única información falsa recibida por los británicos.

Si Oriol Junqueras llegase alguna vez a ser presidente de la Republica Catalana, le pasaría igual con sus famosos 16.000 millones de euros que «España nos roba» y que la independencia nos traería cash para disponer libremente de ellos. Tendría, como Farage, que reconocer que los millones disponibles serían muchos menos, porque esa cifra obedecía a un cálculo teórico por un método muy particular que no se corresponde con el beneficio fiscal de la independencia, que es lo que se ha hecho creer a la gente.

A los británicos se les dijo que no debían preocuparse por sus relaciones con la UE, porque esta era muy pragmática y podrían seguir en el mercado único, que es lo que importa, sin tener que aceptar la libre circulación de trabajadores comunitarios. Se les advirtió que eso no sería posible porque el RU no obtendría mejor trato que el de Noruega.

Ahora, Merkel y Hollande ya les han dicho que no van a tener a la vez mercado único y límites a la inmigración comunitaria. Los partidarios de la independencia por las bravas pueden ver en el espejo del brexit eso de que Catalunya seguiría siendo miembro de la UE como si tal cosa. Siempre pueden confiar en las capacidades diplomáticas de Junqueras y Romeva para conseguirlo. El problema es que mientras no lo consigan nos quedamos fuera de las políticas comunitarias. Al Reino Unido el brexit le plantea graves problemas de unidad. En Escocia y en Irlanda del Norte el voto ha sido mayoritario a favor de seguir en la UE. Pero la negociación se hará con el Reino Unido que es el socio del club y no con sus partes. Cuando el RU salga, Escocia saldrá con él y luego podrá volver a entrar, seguramente con todas las facilidades, pero una vez que haya conseguido la independencia. Cuando la primera ministra de Escocia va a Bruselas y es recibida por los presidentes de la Comisión y del Parlamento, en TV-3 dicen, lo ven lo ven, miren cómo de pragmática es la UE, ya empiezan a abrirle la puerta a Escocia, con nosotros harán lo mismo. Yo también la hubiera recibido, faltaría mas, como un puro acto de cortesía como ha hecho mi sucesor Schultz.

A los británicos se les dijo que su salida de la UE no tendría efectos económicos negativos porque vivimos en una economía global y esos cambios no afectan a los mercados. Pero inmediatamente después del brexit la libra se devaluó bruscamente y hoy sabemos que la economía británica ha sufrido el mayor retroceso desde el 2009, con un «deterioro dramático» en la confianza empresarial (informe de la consultora IHS Markit) y un descenso en la actividad de todos los sectores, menos la exportación gracias a la devaluación de la libra. Se espera una contracción económica del 0,4 % en el tercer trimestre, como en los peores momentos de crisis en el 2008 o la crisis asiática de 1998. El FMI ha rebajado su previsión de crecimiento del RU para el 2017 nada menos que del 2,2 % al 1,3 %. De rebote lo pagaremos todos porque, según la Comisión Europea, la eurozona perderá dos décimas de crecimiento este año y cuatro décimas en el 2017 por culpa del brexit.

Pues menos mal que nada iba a cambiar porque los mercados son globales. Es el argumento preferido de Junqueras cuando se le pregunta por las alteraciones económicas que puede provocar una independencia unilateral, sobre todo en las relaciones comerciales con el principal cliente de Catalunya que es el resto de España. Ningún problema hombre, ¿no sabes que los mercados son globales? Al contrario, los españoles nos comprarán más aún por las relaciones de buena vecindad que mantendremos con ellos. El espejo británico no nos devuelve esta imagen idílica que la realidad se encarga de desmentir en todos los ejemplos que se conocen.